Obituario13 de abril de 2017

Teresa del Conde

El fallecimiento de la doctora Teresa del Conde marca una pérdida muy significativa en el ámbito de la cultura mexicana. Su amplia capacidad de abarcar lo académico y lo seglar deja un profundo hueco en la sociedad. Formada como Historiadora de Arte y como Sicóloga, integró ambas disciplinas en una visión equilibrada. Aplicó sus estudios a la faceta académica, a la institucional y a la crítica de arte. En la Universidad Nacional Autónoma de México formó parte estable del Instituto de Investigaciones Estéticas desde 1975, como investigadora y como docente. Como profesora, en muchas ocasiones dio cabida a sus alumnos y los orientó en el desarrollo de sus carreras. Con sus aportes generó una imagen de dedicación ejemplar en los terrenos moderno y contemporáneo de las artes visuales en México. Presentó sus investigaciones en numerosos congresos y generó reflexiones a colegas, coleccionistas y demás gente del medio. Recibió importantes becas y galardones. Desde 1981 –por más de un quinquenio– dirigió la Coordinación de Artes Plásticas del Instituto Nacional de Bellas Artes y fue directora del Museo de Arte Moderno entre 1990 y 2001. Si bien la curaduría no ocupó la mayoría de su tiempo, sí aportó a ella desde puntos de vista angulares. A través de la palabra escrita, la especialista generó libros de profundo aporte como autora individual, y más del doble compartidos con otros colegas y escritores (aproximadamente cuarenta). Asimismo, de su pluma han surgido innumerables catálogos. Pero no termina aquí la importancia de sus aportes impresos, ya que Teresa del Conde ha sido una de las pocas especialistas que dio valor a tres vectores diversos: la publicación de libros, de catálogos y de crítica de arte. El gabinete universitario y el arte fuera de las aulas –museos, galerías e instituciones– supieron de su mirada aguda, su selección cuidada, su consciencia de dejar improntas históricas coetáneas y su decisión de referir verdades y reclamaciones institucionales siempre que fueran necesarias. De manera disciplinada ejerció la crítica de arte semanalmente en el periódico La Jornada durante casi tres décadas, y también en otros medios: Vuelta, Uno Más Uno y televisión nacional e internacional. Enmarcar, profundizar y acuñar terminología para la historia del arte contemporáneo y sobre todo coetáneo, destacan la labor de la doctora Del Conde. Aportó dos denominaciones fundamentales: la ruptura y el neo-mexicanismo. La primera se discute si le pertenece, pero, a estas alturas, esto no es lo que importa. Del neo-mexicanismo, debido a las controversias que originó como terminología y conceptualización, ella llegó a decir: "a veces lamento haberlo publicado"1. La formación y el ejercicio de la Historia del Arte atraen la mirada hacia el pasado pero a cada instante se conforma un pasado diferente que hay que ir registrando, a la par que reflexionando, sin perder el ritmo acelerado que se vive. En este periodo de la transmodernidad, esto se ha estrangulado. El hoy quema, el pasado reciente son cenizas, por no decir desconocimiento. Esta situación también fue parte intensa de conversaciones –tristezas y lamentos–. Con la muerte de la doctora Del Conde se cierra una generación de ejercicio constante de la crítica de arte, con solo una excepción que la sobrevive. Los escritos sobre arte –ya sean registros polémicos o laudatorios– conllevan el análisis de la sociedad de cada...
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