Cuando Louis Jacques Mandé Daguerre presentó a la sociedad francesa el daguerrotipo, no concibió al humano como el autor de la imagen fotográfica, sino a la naturaleza misma, pues era ella quien imprimía su imagen en la superficie por medio de la luz. Una perspectiva tanto poética como humilde que, si bien alimenta la visión de la fotografía como un arte “objetivo” y “realista”, también nos recuerda que nosotros somos primero testigos y después coautores de estas imágenes. Reflexiones y tensiones que son abordadas y apreciadas desde entonces por diversos críticos y asociaciones, entre ellos el grupo Prix Pictet, que cada año otorga uno de los premios más prestigiosos a nivel mundial de fotografía.
Desde su fundación en 2008, el galardón se ha caracterizado por su foco, dado a la sustentabilidad, el compromiso social y la potencia humanitaria del arte. En otras palabras, la posibilidad de utilizar tanto las cualidades objetivas como poéticas de la fotografía para generar retratos reales, de excelencia técnica, profundidad conceptual y transmisión de sentimiento. Por lo mismo, los artistas que son nominados a tal galardón, y ante todo sus ganadores, son reconocidos por poseer una técnica sobresaliente, una narrativa atrapante y un interés genuino por su entorno. Entre los que han tenido el honor de este reconocimiento, se encuentran Benoit Aquin, Valérie Belin y Richard Mosse.
Este año, para la realización del nuevo ciclo, se ha organizado en el Photography Centre del Victoria & Albert Museum “Storm”, exposición colectiva de todos los artistas considerados para el Prix Pictet. La muestra pretende invitar a reflexionar sobre las últimas agitaciones sociales y políticas a nivel mundial, que, a pesar de causar incertidumbre y hacernos sentir cada vez más cerca de una crisis, también presentan el deseo y la posibilidad de un cambio. Entre los participantes, cuyas nacionalidades y formación se extienden a diversos contextos, resaltamos para esta ocasión a tres. Por un lado, Roberto Huarcaya, artista visual de Perú representado por la galería Rolf Art, que muestra su serie Amazogramas, en donde explora y transforma, desde una perspectiva antropológica, las formas naturales de selvas, océanos y bosques. Por el otro, Patrizia Zelano, artista italiana con estudios en etnoarqueología precolombina, cuya serie Acqua Alta a Venezia expresa la temida desaparición de la ciudad italiana y su memoria a causa de las inundaciones. Por último, Alfredo Jaar, artista chileno, quien fue el ganador de este ciclo con su serie The End; en la que estudia el Gran Lago Salado de Utah, Estados Unidos, una maravilla natural compleja que se ha convertido en una “bomba nuclear ambiental” por la extracción excesiva de agua.
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