El Centro de Arte Dos de Mayo presenta la muestra de Sol Calero (Caracas, Venezuela, 1982) “Buscando guanábana ando yo”, cuyo título está inspirado en la canción popular de Rubén Blades “Buscando guayaba ando yo”. En este proyecto, curado por Tania Pardo, la guanábana, fruta nativa de Centroamérica y el Caribe, se convierte en símbolo de la búsqueda de lo esencial: identidad, pertenencia, o el sentido del hogar. La muestra explora conceptos asociados con el movimiento y el desplazamiento, que se materializan a través de enormes instalaciones que incorporan murales, esculturas y pinturas, y que buscan recrear la experiencia del migrante, el hecho de nacer en un lugar y habitar en otro. Este es el caso de la artista, nacida en Venezuela, donde vivió hasta los 17 años, momento en el que, junto con su familia, se estableció en Tenerife, para pasar después una temporada en Madrid y finalmente asentarse en Berlín, ciudad en la que reside en la actualidad. El paso por distintos países y su condición de inmigrante latinoamericana han sido determinantes para desarrollar un trabajo centrado en el carácter identitario relacionado con los símbolos de la cultura latinoamericana.
El proyecto “Buscando guanábana ando yo”, primera muestra individual dedicada a Sol Calero en una institución madrileña, reúne algunas de las principales características de su trabajo, como la construcción de espacios colectivos, en los que se condensa gran parte de su producción e interés por la arquitectura y el diseño; la pintura mural, técnica que utiliza desde el inicio de su trayectoria, donde las frutas y la vegetación se convierten en recursos gráficos y simbólicos de una plasticidad de colores desbordantes; y los exvotos, esculturas que hacen referencias al folklore y las creencias populares. En esta ocasión, la artista realizó una versión de la instalación El autobús, que mostró por primera vez en la Tate de Liverpool (2019), y posteriormente, en el Museo Kiasma de Helsinki (2022), concebida ahora como punto de partida del recorrido expositivo. De esta forma, Calero presenta una visita guiada a través de una instalación audiovisual que propone a los visitantes un trayecto por lugares ficticios, desafiando las convenciones relacionadas con los viajes y el ocio. Así, explora la figura del turista y la discrepancia entre la percepción idealizada de un lugar y la realidad que se encuentra al explorarlo. A menudo, el arte latinoamericano se percibe como una entidad homogénea, reducida a una visión simplificada de una región específica. Calero se sirve de esta perspectiva para cuestionar los estereotipos culturales, tanto dentro como fuera de los países latinoamericanos, revelando cómo las expectativas pueden diferir de la experiencia real.
A través de esta simbología, que alude a la cultura popular latinoamericana, Calero reflexiona sobre el poder y la ambigüedad de los signos culturales, los tópicos y las connotaciones que estos símbolos adquieren en distintos contextos sociales y políticos, influyendo en cuestiones de género e identidad. La guanábana, que aparece aquí por primera vez en su obra, se transforma en un símbolo del trayecto de la artista –una búsqueda constante que se ve plasmada por primera vez en los lienzos de esta exposición–, invitando al visitante a construir un “nuevo lugar” a través de un viaje en el que la estética del desplazamiento surge de la transformación de elementos cotidianos, reconfigurando así una nueva realidad.