Nota de Arte3 de julio de 2014

Segundo Salón de Otoño de América Latina (SOAL)

Con el objetivo de promover la diversidad de los lenguajes visuales, a lo largo de la historia los salones se volvieron referentes fundamentales para la democracia en las artes. Recientemente, la realización del II Salón de Otoño de América Latina (SOAL), en la Fundación Memorial de América Latina en São Paulo, fue otra prueba de este propósito tan característico de este tipo de exposición general.

Con el aval del centenario Salon d´Automne, de París, la versión latino-americana seleccionó 129 artistas provenientes de dieciocho países de América del Sur, Europa, África y Asia, en las categorías de pintura, fotografía, escultura, instalación, libro de artista y artes gráficas. Muchos participantes son desconocidos o debutantes en el circuito artístico. El evento contó también con el apoyo de las embajadas de Francia y del Uruguay, la Cámara de Comercio Brasil-Francia, de la Alianza Francesa y de la Asociaciones de Protección de los Derechos de Autor y Profesional de los Artistas Plásticos de São Paulo.

Para la ocasión, se rindió homenaje al pintor brasilero Cândido Portinari (1903-1962). Por ese motivo, la apertura oficial tuvo lugar en el Salón de Actos Tiradentes, espacio del Memorial que conserva uno de los principales trabajos del pintor, el panel "Tiradentes". También se expusieron videos, fotos y documentos, además del catálogo de la Exposición de Artistas Brasileros en el salón parisino de 1947, en la que Portinari participó destacadamente.

En el catálogo de la muestra, Noël Coret, presidente del Salon d´Automne, enfatiza el carácter democrático de este salón que, al margen de las "normas" dictadas por el circuito artístico altamente especulativo, privilegia la belleza, según las pautas del pensamiento filosófico de Kant, quien en su Crítica del Juicio afirma: "Es bello aquello que agrada universalmente, sin concepto […]".

Por lo tanto, este salón se mostró como oportunidad alternativa a las lecturas curatoriales que generalmente dirigen los sentidos del espectador hacia algún propósito específico. Esta libertad de goce une los extremos del saber y la experiencia, proporciona el contacto inmediato con la obra en sí, con independencia de la historia, las teorías y la crítica. La contemplación contribuye a la construcción del conocimiento por medio de la práctica del acercamiento entre quien la disfruta y la obra, como momento subjetivo, único e intransferible.

Los trabajos seleccionados, con valor formal expresivo en todas sus categorías, revelan el poder de la figuración, de los colores, de la tridimensionalidad escultórica, de la fotografía en cuanto lenguaje, etc. Se puede, por ejemplo, testimoniar el encanto de la figuración por medio de obras como "Un poco siempre exuda por los poros", pintura acrílica de Andréa Facchini, que retrata mujeres enroscadas entre trenzas y telas coloridas; o también en "Beso a la luz de la luna", de Ângela Oskar, pintura en la que los personajes de la historia brasilera, Lampião y Maria Bonita, se besan en una composición semejante al famoso "El Beso", de Klimt.

Obras como esas muestran que el mérito de la escogencia del jurado (compuesto por Ângela Barbour, Cássio Lázaro, Cirton Genaro, Claude Martin Vaskou, Eliana Minillo, Noël Coret y Walter Miranda) estuvo en una sele...

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