Paris1929- Bogotá 2007 Luces, sombras, sonidos, ecos, matices, destellos, aromas y silencio, son materiales que el arquitecto Rogelio Salmona amalgamó sabiamente con el paisaje. Edificó horizontes enmarcados entre muros. Los construyo pacientemente, con materia de la tierra que tiene la virtud de animarse con la caricia de la luz de los atardeceres. Los erigió para que cumplieran la tarea fundamental de albergar la vida. La sorpresa emocionante que habita en corredores, patios, rampas, escaleras, terrazas, es la herencia que deja al mundo el maestro Salmona. La experiencia de franquear umbrales, ingresar, ascender, bajar, escoger recorridos, husmear rincones, escuchar susurros del agua, enriquece nuestra presencia. Son sus obras lugares pensados para el encuentro inesperado, el cruce de miradas, la fascinación con las secuencias de perspectivas que se dilatan, se descomponen, se adelgazan, hasta aproximar a nuestros sentidos las texturas del paisaje. Su labor fue la del hombre comprometido y perseverante que sueña con mejores ciudades donde priman los lugares para la gente. Imaginó ámbitos de cultura edificados para conciliar el tiempo que se vive con el compromiso de construir un mejor porvenir. Su formación inicial en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional, con los profesores de las primeras generaciones modernas, dejó profundas huella en él. La etapa parisina, entre 1949 y 1957, le permitió conciliar los momentos de iniciación profesional en el taller de la Rue de Sevres 35, bajo la mirada de Le Corbusier, con las lecciones de sociología del arte, dictadas en la Escuela Práctica de Altos Estudios Sociales de la Sorbona por Pierre Francastel. Esas dos tareas forjaron en él el hábito reflexivo que le permitió indagar sobre los componentes, las ideas, las formas y, en particular, las relaciones intrínsecas entre la comunidad, el arte y la historia. El retorno de Rogelio Salmona a Colombia se produjo en el momento mismo en que se vivía la euforia de participar en un universo que se transformaba día a día; donde las opiniones, las ideas, las acciones preludiaban la participación directa de los intelectuales en la apertura de nuevos caminos. El participó, opinó y propuso. Desligó la arquitectura de los procedimientos proyectivos convencionales. El territorio, el lugar y el paisaje los convirtió en referentes ¿ argumentos de dislocación de procesos aprendidos ¿ desde los cuales podía pensar la arquitectura local. Las propuestas urbanas y la arquitectura de Rogelio Salmona, en sus diferentes etapas, ha sido difundida. Su reflexión sobre los procesos compositivos, las escalas, los impactos sobre comunidades y paisajes han incentivado diferentas aproximaciones creativas. Las propuestas sobre la importancia de la calidad del espacio ciudadano ha trascendido la formulación del arquitecto Salmona y se han integrado en diversos discursos urbanos. Los arquitectos latinoamericanos, convocados por Salmona, coincidieron en alimentar la polémica en torno a la calidad de la arquitectura. Las esferas del mundo prehispánico, las culturas mediterráneas y las regiones históricas próximas, en manos de Salmona, confluyen y se transforman en fuente renovada de argumentos estéticos y ambientales. Su lugar de trabajo, donde trazaba, pensaba, corregía, lo acompañaba con versos que inspiraban sus visiones de las nobles ruinas, con la literatura que lo emocionaba, con el deleite de la música que hacía vibrar su alma. Una faceta poco conocida pero muy importante de recordar es la actividad de Rogelio Salmona como profesor de historia y teoría del arte y la arquitectura. En su etapa inmediata al retorno al país la ejerció en las universidades Nacional y de los Andes. Durante los últimos años aceptó su vinculación con la maestría en arquitectura en la Universidad Nacional. Es importante reiterarlo porque allí, en la exploración conciente y rigurosa de la historia de la cultura, en la aproximación a la...