Exposición14 de noviembre de 2018

Retrospectiva de Jesús de Armas en Cuba, en el Museo Nacional de Bellas Artes

Bajo el título "Jesús de Armas: drama y utopía", el Museo Nacional de Bellas Artes presentó en septiembre, en La Habana, una exposición que reivindica el significado que para el arte cubano tiene la obra de este creador. Caricaturas, cómics, animados, apuntes, dibujos y pinturas se encuentran entre las cuarenta y ocho obras que conforman la muestra, en la Sala transitoria del segundo piso del edificio de arte cubano. Con ellas, Laura Arañó, su curadora, configuró lo que constituye la primera muestra retrospectiva de este artista en la isla. El discurso de Jesús de Armas –por mucho tiempo soslayado– se adentró en el estudio de las culturas aborígenes; una investigación sobre el universo precolombino insular que tuvo un fuerte impacto en su creación, ganando en intensidad a partir de 1975, ascendiendo en cuanto a fuerza gráfica hasta arraigarse en un vigoroso expresionismo. Este tópico –al que dedicó la mayor parte de su obra– estuvo en relación directa con sus estudios de arqueología, su especialización en el arte rupestre cubano y su interés por la historia. Esas aristas de particular revisión de la cultura hacen que se lo valore como uno de los antecedentes esenciales de esa corriente de la creación insular donde convergen arte y antropología. La exposición "Jesús de Armas: drama y utopía" propone un recorrido integrador por todas las facetas de su trabajo. Destaca su conexión con el humor gráfico, ámbito donde tuvo un desempeño de vanguardia desde el segundo lustro de los años cincuenta, momento en que se prefiguró en su creación el valor de la línea (económica, reveladora y suficiente) como recurso esencial de su poética. Signo distintivo de un quehacer que fue personalizándose y depurándose en su ascenso hacia el neoexpresionismo. En esa ruta, el carboncillo (tenido por el artista como herencia aborigen) se convirtió en un recurso idóneo para plasmar en telas y cartulinas –como puede verse en la muestra– sus interrogantes y reflexiones en torno a la cultura, al tema amerindio, al encontronazo que fue la conquista de América (acotación que es también sobre el poder, el uso de la fuerza, la depredación y la crueldad). Aspectos que, junto con sus hibridaciones, su lirismo y su gestual bestiario, modelaron su producción simbólica. Amparada por los fondos del museo –ampliados para la ocasión con nuevas adquisiciones–, los del archivo fílmico del ICAIC, algunas obras de colecciones privadas y el documental De Armas el último taino (2001), la exposición "Jesús de Armas: drama y utopía" rescata la imagen de este artista multifacético. Lo consigue en la comunión de su caricatura de avanzada, los cortos experimentales que realizó siendo director del Departamento de Dibujos Animados del ICAIC, en los sesenta (antecedentes del videoarte animado hecho en Cuba), y sus historietas (las que asumen los mitos aborígenes y las que constituyen una aproximación satírica a la colonización), junto con su práctica pictórica de las décadas del ochenta y del noventa del pasado siglo, que impacta con sus antológicas carbonadas de alcance universal.
Retrospectiva de Jesús de Armas en Cuba, en el Museo Nacional de Bellas Artes
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