Del 19 al 29 de mayo del 2003 tuvo su período de mayor intensidad la octava edición del Premio La Joven Estampa, certamen bienal del grabado latinoamericano y caribeño para jóvenes de hasta 35 años, organizado por Casa de las Américas y único de su tipo en la región. El prestigioso jurado, conformado esta vez por Alicia Candiani (artista y profesora argentina), Sandra Ramos (artista cubana ganadora en la edición de 1993), Fernando Gálvez (crítico y curador mexicano, director del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca), distinguió con menciones de honor a las cubanas Janette Brossard y Nadiesda Inda; y con menciones a Cristóbal Tavera (de México), Andrés Garavelli (de Argentina) y Ernesto Fernández (de Cuba). Asimismo, otorgó el Premio a Jesús Hernández (el Güero), quien de ese modo se convirtió en el séptimo artista cubano en obtener el máximo lauro del encuentro, iniciado en 1987. A esta convocatoria enviaron 152 concursantes de Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, República Dominicana, Ecuador, Venezuela, Cuba. Hubo una mayor presencia de México, Argentina, Puerto Rico. Pero, de todos ellos, sólo 48 lograron ser elegibles para los reconocimientos. Entre éstos estaban artistas reconocidos como el dominicano Julio Valdez, el cubano William Hernández (premiado en la V edición) y la argentina Cecilia Mandrile. Variadas poéticas, procedimientos técnicos y morfologías artísticas estuvieron representados en la muestra-concurso, exhibida hasta septiembre de 2003 en la Galería Latinoamericana de la institución organizadora. El enfoque de las creaciones fluctuaba entre la perspectiva más antropológica hasta la más concerniente a la solución técnica. Se pudieron apreciar linograbados, xilografías, puntas secas, aguafuertes, serigrafías, fotograbados, calcografías, impresión digital, técnicas mixtas. Hubo instalaciones resueltas de múltiples maneras: conjuntos estructurados absolutamente sobre la pared, fragmentos que desde el muro dialogaban con otros ubicados sobre el piso, obras totalmente desplegadas por el suelo del espacio expositivo. Pero también fue incluida la pieza montada según lo prescrito por la tradición para las obras bidimensionales. De modo que la selección final resultó panorámica y bastante equilibrada. Se conjugó lo tradicional con la experimentación. Según consta en el acta de premiación: ¿El jurado procuró que las obras seleccionadas para esta VIII edición tuvieran una imagen en la que se conjugaran madurez en el planteo conceptual, dominio de la técnica, contundencia en la propuesta personal, y muy especialmente, coherencia¿. Como es usual, el Premio La Joven Estampa tuvo diversas actividades colaterales. Entre las exposiciones, Frank Ernesto Martínez (galardonado en la edición anterior) inauguró su muestra personal titulada La técnica es la técnica, en la Galería Haydée Santamaría. Sandra Ramos y Alicia Candiani montaron otra en la Sala Contemporánea. Con el nombre de Mano a mano, los grabadores mexicanos Francisco Castro y Mauricio Cervantes dejaron abierta la suya en la Sala Manuel Galich (que, junto a las anteriores, son espacios exposición de Casa de las Américas). Según el programa, a partir de la obra de estos dos artistas su coterráneo Fernando Gálvez debió impartir en el Museo Nacional de Bellas Artes la conferencia Acercamiento a los seres gráficos en un inicio de milenio. En ese mismo lugar, Alicia Candiani debió hacer otro tanto sobre el tema El cuerpo y la memoria cultural. Y en esa propia sede, homenajeándola además en su 90 aniversario, Antonio Martorell condujo el taller Copias al carbón. En este tomaron parte varios artistas de Latinoamérica, y concluyó con una exposición en el Edificio de Arte Universal. En buena medida, el Premio La Joven Estampa sirve para tomar el pulso a la producción gráfica joven de América Latina, e incentivar la unidad a partir de la innegable diversidad. Con una mayor amplitud de miras en cuanto a la consideración del grabado en las obras de art...