Reseña de Libros11 de julio de 2014

¡Pobre de mí, no soy sino un triste pintor!

"Estas 28 cartas están impregnadas en la pasión por la pintura, más concretamente, por el oficio de pintar: eso es lo que Luis Caballero busca en los museos, lo que no encuentra en las pinturas que ve en las galerías parisinas, lo que envidia con afecto en su amiga corresponsal. Pero acaso el aspecto más hondo, más revelador de esa pasión que se encuentra en estas cartas sea la permanente introspección sobre su trabajo. He aquí, por ejemplo, la confusión de quien tiene el empeño de aprender, un muchacho que llegará a ser uno de los más excepcionales dibujantes colombianos y que así escribe antes de cumplir veinte años: 'Yo aquí estoy desesperado porque nada que aprendo a dibujar, pero eso es lo de menos, aprenderé, estoy seguro; pero es que hay momentos en que me entra una desesperación, una desilusión de no poder hacer lo que quiero, terrible. Es espantoso el tener en la cabeza los cuadros más sensacionales y saber que no los puedo hacer. Me consuelo pensando que es que no sé dibujar y que algún día aprenderé. Boberías, es que estoy empezando a pensar que nunca llegaré a pintar. Es demasiado difícil'."

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