Reseña de Libros14 de octubre de 2020· Por Natalia Gutiérrez

Plata y plomo. Una historia del arte y de las sustancias (i)lícitas en Colombia

Hoy me llaman marimbero por cambiar de situación y no piensan si primero fui gamín o pordiosero sin ninguna educación. Hoy porque tengo dinero hoy me persigue el gobierno hoy quieren saber quién soy.
Los versos de “El marimbero”, la canción vallenata de Romualdo Brito que encontré citados en el libro de Rueda, Plata y plomo, me permiten hablar de tres características de este libro que quiero resaltar. La primera característica es la densidad del problema. Como lectora, acompañada de una escritura ágil, me sumergí en una red densa que establece el narcotráfico en Colombia con la geografía, los políticos, el arte, la cultura, la noción paradójica de drogas ilícitas o lícitas, en fin, una red que todos intuimos, pero que este libro nos pone en la mira, y que, después de su lectura, tenemos que contar con su densidad para pensarla. Densa es la descripción del antropólogo Michael Taussig, que Rueda cita también en su libro: “William Burroughs, de Lawrence, Kansas, con un letrero en la puerta, Solo diga no, mientras un adolescente indígena deambula con un letrero de Nike en su pecho que dice Just do it y una sonriente Nancy Reagan flota en lo alto como el gato de Cheshire mirando, pensativamente, un carro con la bodega abierta y dos cadáveres metidos dentro con las manos atadas a la espalda y limpios agujeros de bala, uno en el temporal derecho y otro en la coronilla”.
La segunda característica de Plata y plomo, es el tipo de discurso que Rueda escoge para hablar del tema: establece toda clase de vínculos sin caer en dicotomías y sin discursos salvadores o acusadores. Pero con un norte, un compromiso que yo lo expresaría en mis palabras, como el compromiso con el ochenta por ciento de la población colombiana que el Estado y las clases dominantes invisibilizan. Históricamente en Colombia, el Estado, la cultura dominante y los urbanitas, enredados en la saturación del capitalismo del siglo XXI, desconocen lo que sucede en la mayoría del territorio colombiano, y solo se reconocen municipios, oficios y rostros desconocidos cuando irrumpen acontecimientos con los que la cultura no contaba, tales como grandes sumas de dinero, masacres, conflicto armado.
Nuestra historia reciente, por ejemplo, se sorprende porque los guerrilleros son niños o mujeres embarazadas; se sorprende porque se encontraron niños civiles muertos en un ataque del ejército, para nombrar solo dos ejemplos. En una página de internet encontré un comentario de Romualdo Brito que refuerza lo que quiero decir: él dice que no se cansa de afirmar que es treintero, porque nació en un corregimiento de La Guajira que, según él, no está en el mapa y se llama Treinta Tomarrazón. Este libro de Rueda se compromete con el limbo invisibilizante en el que vivimos en Colombia y nos propone escribir sobre él para ampliar un tema del que no se ha discutido lo suficiente.
La tercera característica de este libro, la veo muy significativa para el futuro de Rueda como ensayista. Una línea de polvo, de 2008, fue el primer libro que él escribió sobre arte y narcotráfico, en el cual se hacía una pregunta clave, una pregunta que se puede responder solo si la teoría del arte y la estética salen de su encierro y se deciden a interpelar la sociedad. “Además de ser un género en sí, en el periodismo y la literatura, en los últimos años el problema narco se ha impuesto en el cine, como lo prueban largometrajes recientes como Rosario Tijeras, María llena eres de gracia, El Rey, Sumas y restas y Colombian Dream, entre otros. Curiosamente, en el medio artístico la reacción ha sido lenta, y solo hasta la década actual (2010) puede encontrarse una respuesta articulada frente al fenómeno”. El libro, entonces, se dedicaba a intentar una respuesta. Entonces este primer libro tenía el arte como eje del problema narco.
En Una línea de polvo, el eje de la discusión era el arte. En este segundo libro sobre arte y cultura narco, Plata y plomo, Rueda desplaza el eje de la discusión a los acontecimientos y también a las imágenes vívidas construidas por investigadores y escritores, lo que me indica que está preparado para dar el salto y escribir sobre la cultura colombiana haciéndole preguntas incisivas y, claro, seguir escribiendo sobre arte. Pero se ha dicho muchas veces que es más compleja la vida que el arte, y, para esa complejidad, Rueda es un ensayista que Colombia necesita.
Plata y plomo. Una historia del arte y de las sustancias (i)lícitas en Colombia
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