París presenta dos instalaciones de artistas argentinos sobre el cambio climático. Una de ellas, la instalación de Pedro Marzorati –artista que reside en París–, intitulada Where the tides ebb and flow (Cuando las mareas van y vienen), es efímera y está conformada por 31 esculturas de color azul eléctrico, dispuestas en semicírculo sobre una superficie de 150 m en el lago del parque Montsouris. Las esculturas representan bustos de hombres y mujeres sumergidos en parte o casi totalmente, haciendo alusión al ascenso de las aguas y la futura amenaza para gran número de poblaciones. La otra es una obra perenne. Creación realizada para la Nuit Blanche, de 2015, la instalación monumental del argentino Leandro Erlich (1973) fue financiada por la ciudad de París, en el marco del proyecto Les oeuvres d'art investissent la rue (Las obras de arte se integran a las calles). No es la primera vez que Erlich participa en Nuit Blanche, puesto que ya estuvo presente en París, en la edición 2004, con Bâtiment (Edificio), instalación en la que un inmenso espejo, colocado en ángulo, reflejaba una fachada de estilo Haussmann, diseñada en el suelo, efecto interactivo y lúdico sobre el cual uno podía "trepar". Si la evolución del clima amenaza la existencia humana y la naturaleza, la arquitectura, símbolo de las civilizaciones, se encuentra igualmente en peligro. Para evocarlo, Leandro Erlich escogió una imagen fuerte, la de un pequeño edificio parisino derritiéndose bajo el efecto del calentamiento global. En forma directa y humorística, esta obra –cuyo título, Maison fond (Casa fundida), fue escogido por su correspondencia fonética [en francés. Nota del traductor] con Mes enfants (Mis hijos)– nos invita a interrogarnos sobre nuestras certidumbres, a pocas semanas de la conferencia internacional sobre el cambio climático que tendrá lugar en París en diciembre de 2015. Esta pequeña edificación –que, como la Torre de Pisa pero por diferentes razones, se ve inclinada– está situada en un espacio público permanentemente atravesado por los peatones que entran o salen de una de las estaciones de tren más frecuentadas de Europa, la Gare du Nord. La casa disolviéndose en el suelo, en una región de Francia donde no hay movimientos sísmicos, atrae e intriga a los pasantes. Si las ilusiones espaciales de Erlich nos han regocijado influyendo en nuestra percepción de la realidad, con esta última instalación permanente, nos invitan a una reflexión más profunda sobre el futuro de nuestro planeta.