En el muro frontón del cruce Voltaire/Jaurès, en Arcueil, el artista venezolano Pancho Quilici (1954), que vive en esta localidad cercana a París desde 1988, creó cinco paneles de 180 x 180 cm cada uno (para un total de nueve metros), en mosaico de pasta de vidrio, piedra arenisca y PVC blanco, que tituló Regiones de convergencias. La obra delicada, precisa, minuciosa, en la que el artista tuvo que olvidar el tiempo –tardó tres años en completarla–, fue un encargo de su ciudad de residencia.
Se trata de una gran composición concebida como un paisaje imaginario, en el que, en una divagación visual móvil y fragmentada, Quilici hace aparecer montañas, ríos, valles y nubes desde una burbuja central. Las formas más o menos figurativas se despliegan en círculos concéntricos, como una "explosión" controlada que nos permite observar una naturaleza encontrada. Por lo tanto, el agua, el viento, la tierra y el aire están presentes, como un soplo de aire fresco, en este barrio tan mineral, en el que predominan las casas pequeñas y los edificios residenciales. En el centro de cada panel, cinco cuadrados de 34 x 34 cm (impresiones digitales en Dibond) confirman el deseo geométrico del artista, inherente a toda su obra.
Estos cinco paneles representan los cinco sólidos platónicos –el tetraedro, el octaedro, el hexaedro, el icosaedro, el dodecaedro–, que, según Platón, evocan los cuatro elementos, y constituyen para el artista, en esta obra, la perfección de la geometría tridimensional subyacente de la naturaleza y el universo.