Exposición21 de abril de 2017

Otra Lygia logra llegar al MET

La artista brasileña Lygia Pape es menos conocida en Nueva York que su contemporánea Lygia Clark, cuya retrospectiva de 2014 en el MoMa fue la primera dedicada a una mujer artista de Brasil en ese museo. Sin embargo, con esta exposición del MET Breuer, pronto se podría alterar esa discrepancia, ya que Lygia Pape puede percibirse como una artista abstracta igualmente fascinante, quien también fue autodidacta y no tuvo formación académica. Este movimiento Concreto, que procuraba defender la absoluta objetividad del arte a través de la pintura, que no tiene otro significado o explicación que su presencia misma, estaba muy en contra de la expresión de cualquier sentimiento o formas directamente derivadas de la naturaleza, considerada meramente representacional; así es que, aunque se les unió cuando participó en la Exposición Nacional de Arte Abstracto en Petrópolis, ya para 1953, donde Ivan Serpa y Lygia Clark también estaban mostrando su obra, evolucionó prontamente con ellos hacia la creación del Grupo Frente en 1956; esta fue la rama de Río de Janeiro del Concretismo, el cual estaba en conflicto con el grupo Ruptura de São Paulo en cuanto a sus consideraciones estéticas. El arte de la abstracción, por simple que parezca a primera vista, tiene una larga historia de diferencias conflictivas, a veces enfáticamente dialéctica en el sendero que lleva hacia aquel. En este aspecto, el traslado brasileño hacia la abstracción tuvo dos campos que interpretaban el modernismo, tal como los artistas rusos habían desarrollado dos frentes también en los primeros años del modernismo ruso, con diferentes interpretaciones en San Petersburgo y Moscú a comienzos del siglo XX. Mientras que los artistas del grupo Ruptura en São Paulo se aproximaban de manera rigurosa a la abstracción, Pape y su contemporánea carioca Lygia Clark, junto al joven Hélio Oiticica, compartían todos una mirada más fluida y eufórica. Para 1959 habían desarrollado una evolución experimental más activa, a la cual llamaron Neo-Concretismo, una interpretación que le dio un lugar preponderante a la sensualidad, a la interacción con el arte por medio del performance y la integración de su mirada estética a la vida cotidiana. Los colores por los que Lygia optó son diferentes a aquellos de la abstracción europea, que luego se incorporaron al minimalismo americano. Su fuente es diferente, como bien se explicó en el Manifiesto antropofágico de la temprana historia del modernismo en Brasil, con lo que uno sospecha que la luz de su nativo Brasil siempre estaba detrás de sus ideas compositivas. Solo poder admirar su famosa obra Livro da Criação (El libro de la creación), de 1959, es razón más que suficiente para ver esta exposición, que revela la seriedad y firmeza en el propósito de su obra. Está compuesta por dieciséis tablas cuadradas que traducen la historia del hombre en una narrativa de formas geométricas puras. Desde los comienzos, cuando se dio el descubrimiento del agua y el fuego, se crea una plataforma para la interpretación de nuestra evolución mediante estas bellas y coloridas creaciones. Platón habría estado orgulloso de ver su mundo de las formas ideales/eternas reinterpretado con los colores de la obra de la artista, que son más intensos y más cálidos que las usuales yuxtaposiciones grises y negras sobre blanco que nos resultan más familiares.
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