El pasado 4 de octubre se inauguró la exposición universal “Expo 2020 Dubái”; el Pabellón de México abrió sus puertas con el lema “Tejiendo vidas” e invitó a la artista Betsabée Romero a intervenir el espacio. El pabellón se cubrió con la obra Tejedoras de lazos, elaborada en croché, que suma siete kilómetros de hilos que se han entrelazado para mostrar al mundo el papel de las mujeres en la construcción y preservación de las culturas.
Sobre su designación, Betsabée Romero, comentó: “además de ser un gran honor como artista contemporánea, me pareció una gran oportunidad, no solo porque se me ofrecía la fachada de nuestro país en ese gran evento internacional, sino porque me correspondía representar a las mujeres de mi país y del mundo en este momento en que, increíblemente, y a pesar de grandes luchadoras, la violencia de género sigue agudizándose”.
Tejedoras de lazos es una instalación multicolor realizada por cien artesanas de Etzatlán (Jalisco), y dirigida e intervenida por Betsabée Romero, para representar la unión, los lazos, el talento, la conexión perfecta de la naturaleza, el hombre y el cosmos, con la que México quiere mostrarse dentro y fuera de sus fronteras. Para la artista era importante realizar una colaboración con maestros del arte popular, ya que ella ha trabajado con ellos por más de veinte años, y considera que son un material intangible de su México. Fue así como inició un proceso de búsqueda del material y el gesto, para realizar una pieza con raíces tradicionales, pero con una creación conceptual y contemporánea. Investigó sobre diferentes tipos de textiles mexicanos, y en esa búsqueda encontró ese grupo de mujeres que envolvieron un pueblo con sus manos y ganaron el Premio Guinness.
Sobre la obra, la artista agregó: “Encontrar una comunidad de mujeres tejedoras dispuestas a colaborar conmigo sería un gran viaje, una gran experiencia y un gran aprendizaje. Trabajar con ellas, y con otros cuatro talleres de artesanos, para llegar a un país tan lejano llenaría toda la obra de generosidad y color, le daría una textura y una calidez que solo el trabajo manual puede lograr. Esas mujeres se entrelazarían con mi proyecto para llevar una pequeña muestra de todo lo que el arte popular, como parte de culturas aún vivas, nos aporta, en acompañamiento y consuelo, durante los momentos difíciles y como regocijo y emoción en cada una de las innumerables celebraciones que calendarizan nuestra existencia”.
Las artesanas son de un antiguo y pequeño pueblo minero, situado en Los Altos de Jalisco, con el nombre de Etzatlán. Cuenta Betsabée Romero que allí fue donde todo empezó hace seis años, con dos mujeres de una familia –Paloma y Lorena Ron–, madre e hija que, viviendo sus duelos, contagiaron a todos sus familiares y, poco a poco, a una comunidad. Dos pérdidas que las llevaron a recordar tejiendo y a descubrir que, haciéndolo juntas, materializaban su historia en el acto de tejer; una capacidad solitaria, que crece al volverse colectiva.