Obituario9 de septiembre de 2015

Nereo López

El año 2015 ha visto la desaparición de dos grandes maestros de la fotografía colombiana, Carlos Caicedo, quien falleció el 13 de julio, y Nereo López, el pasado 25 de agosto, a sus 95 años. Mientras el primero es apenas conocido, a pesar de su talento, el segundo es y será recordado como uno de los grandes artistas del Caribe colombiano. Junto a Hernán Díaz, Nereo logró un lugar privilegiado en el campo cultural colombiano en la década de 1960, pues, como afirmó el fotógrafo Camilo Lleras, "en los años sesenta sólo existían dos líneas, o dos tendencias. La de Hernán Díaz, que era la fotografía tipo Vogue, que seguía a Richard Avedon, y la de Nereo, que era el fotorreportaje independiente" . Nereo se convirtió en el primer fotoensayista del país, trabajando para Time, Life y O Cruzeiro. Influenciado por Cartier-Bresson, Irving Penn, Robert Capa y Eugene Smith, su trabajo estuvo regido por una mirada donde se combinaban objetividad, toques humorísticos y un mesurado gusto estetizante. Nereo fue un "fotógrafo de calle", y como tal, realizó la mayoría de sus trabajos en exteriores. Se focalizó en el retrato, y dentro de este inagotable género escogió las imágenes de los hombres en actividad, preferiblemente los que se dedicaban a trabajos artesanales, los campesinos y sus niños. Fue un cronista que supo situarse acertadamente en la geografía colombiana realizando viajes poco comunes, retratando fiestas y costumbres populares. Nereo, además, fue miembro y testigo del llamado "Grupo de Barranquilla," red de escritores y artistas del Caribe colombiano, entre los que se contaban Álvaro Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez, Alejandro Obregón y Enrique Grau, entre otros. Sin embargo, su amistad más intensa y productiva sería con el escritor Manuel Zapata Olivella, con quien viajó por las zonas costeras colombianas registrando sus gentes. Después de cuatro décadas de trabajo, en 1996, fue nombrado Regent´s Lectureship por la Universidad de California, Santa Cruz, y empezó a hacerse una serie de reconocimientos a su trabajo. La Cruz de Boyacá, la más alta condecoración que el Estado otorga, le fue concedida ese mismo año. El Homenaje Nacional de Fotografía se le concedió en 1998. Este premio incluyó la adquisición de la obra completa del fotógrafo por parte de la Biblioteca Nacional, buena parte de ella mostrada en el libro Nereo López. Un contador de historias (2011), de la editorial La Silueta. En 2002 recibió el Premio a la Vida y Obra del Ministerio de Cultura, y se publicó un libro de su obra. Estos reconocimientos no lo detuvieron, y Nereo continuó trabajando en la fotografía por una década más, incursionando en la fotografía digital y permaneciendo activo hasta el día de su fallecimiento. Con su partida, no sólo se despide al último sobreviviente del Grupo de Barranquilla, sino que se cierra un capítulo entero de la historia visual colombiana. Su profundo humanismo, su independencia y su sentido del humor continuarán siendo ejemplares para todos los que lo conocimos.
Nereo López
Nereo López | artnexus