Para su tercera edición en torno a una capital, después de Winnipeg (Canadá) en 2011 y Johannesburgo (Sudáfrica) en 2013, La Maison Rouge, galería privada de exposiciones, presenta el actual escenario artístico porteño con una selección realizada in situ por las curadoras Paula Aisemberg y Albertine de Galbert. La muestra, que tiene lugar del 20 de junio al 20 de septiembre de 2015, aborda una serie de temáticas para delimitar la identidad de una ciudad y sus múltiples facetas, dando prioridad al espacio que ocupa el cuerpo y la confrontación con el lugar. En un país en donde la mayor parte de la población es urbana (el gran Buenos Aires tiene cerca de 13 millones de habitantes sobre una población total de 41 millones), la compleja generosidad del sujeto es evidente. Aunque punto central de la reflexión de los artistas, la ciudad tan sólo puede ser captada en el instante, puesto que ella se transforma y evoluciona constantemente. Y es justo ese carácter efímero lo que constituye el desafío del enfoque artístico, aun si este último debe ceder a la tentación de la norma urbana dominante y a la evidencia del tejido "conjuntivo" que constituye su identidad. Sin embargo, en la aprehensión e incorporación al imaginario del artista de estos elementos que tienen prevalencia en todas las megalópolis, la ciudad conserva todo su misterio. Sigue siendo mítica, soñada, integrada a las fantasías, detestada o rechazada pero siempre viva. Sesenta y cuatro artistas seleccionados por los curadores –la mayoría de ellos nacidos entre los años sesenta y ochenta, con algunas excepciones como Marta Minujin, Margarita Paksa, Roberto Jacoby, Marcelo Brodsky, León Ferrari (fallecido en 2013), Martha Dermisache (en 2012) y Roberto Aizenberg (en 1996), y cerca de tres cuartos de las obras producidas después del año 2000, forjan la contemporaneidad de la exposición. Con una museografía que toma en cuenta el enfoque temático, aunque sin ser prisionera de él, se ofrece un recorrido en donde, a veces, las obras se responden sin jamás amenazarse o excluirse. El concepto, atravesado por la reflexión psicoanalítica –en Buenos Aires, esto se impone–, juega con las oposiciones: lo inhibido y lo explícito, lo oculto y la revelación, lo público y lo privado, atravesados por la violencia y la política. Como el cuadro de Antonio Segui intitulado A vous de faire l'histoire (Les toca a ustedes escribir la historia, 1965), ausente en esta exposición pero que hubiera encajado perfectamente, se trata de volver a unir las piezas del rompecabezas y reconstituir un retrato –subjetivo– de Buenos Aires. Varias obras emblemáticas nos invitan a la muestra, como la película Totloop (2003, 3'40) de Fabian Kacero (1961), quien se escenifica simulando la muertepara poner a prueba la indiferencia de la ciudad; en otro video, el de Ana Gallardo (1958), una transexual denuncia las noticias de la prensa y los abusos infantiles cantándolos a la manera de un tango (A boca de jarro, 2008, 2'35). Una gran vitrina muestra los objetos "anticlericales" (2000-2006, diversos materiales y tamaños) y llenos de humor de León Ferrari. Más adelante, la instalación La alcoba de amor, creada en 1963 por Marta Minujin, re-trabajada en 2008, abre su rosada puerta-vagina hacia un espacio cercado con cadenas, en medio de un desenfreno de cojines rayados de vivos colores. En una misma sala, la realmente hermosa pieza Hook (2015, metal, 450 x 150 x 12 cm) de Mathias Duville (1974), una escultura en forme de anzuelo, amenaza al visitante...