En el año 1958, el artista colombiano Alejandro Obregón realizó el mural de formato tríptico Tierra, mar y aire, sobre la fachada frontal del edificio Mezhari, en la carrera 53 con calle 76 de la ciudad de Barranquilla. Hoy en día, el mural se encuentra en un muy delicado estado; urge la necesidad de cuidados de conservación y restauración, ya que piezas del mural se han comenzado a desprender y como resultado los patrones cromáticos y la legibilidad de las formas se están viendo comprometidos. Siendo Obregón uno de los artistas colombianos más reconocidos hasta el día de hoy, el Señor Samuel Mezhari ¿padre de Mair Mezhari Tourgemen, ahora dueño e inquilino del edificio en el cual se hizo el mural- contrató a Obregón, siendo un artista a mitad de carrera. La familia del Sr. Samuel era de inmigrantes judíos, que en el año 1900 llegaron al muelle de Puerto Colombia y fueron acogidos por la hospitalidad barranquillera. Como resultado de lo previo, el Sr. Samuel quiso dejarle un recuerdo artístico a Barranquilla como agradecimiento y aprovechó que el arquitecto Samuel Pance acababa de construir un edificio y contactó a Obregón para llevar acabo dicho proyecto. El artista accedió y cobró 15,000.00 pesos, que para esa época era una cifra aceptable; pero, se dice no haberlo hecho por el dinero, sino porque le agradaba la idea de una obra en ese espacio. El mural duró alrededor de un año en realizarse. Obregón escogió una técnica sumamente delicada y demorada, debido a la cantidad de pasos y proceso que requiere. El mosaico, técnica que data hasta tan atrás como la época Bizantina, es una técnica/estilo de construcción en la cual se pegan cientos de miles de piedras de cerámica esmaltada (teselas) de diferentes colores, creando así las figuras deseadas. Pero, antes de comenzar a pegar las teselas se debe de hacer un dibujo/modelo previo para así luego rellenarlo. En este caso, lo que Obregón hacía era que pegaba las piedras -provenientes de una fábrica en Medellín, de la línea del cristanac- sobre varios papeles de más o menos 30 x 30cms. y luego los pegaba en la pared del edificio. Es un trabajo de tiempo y de perfeccionismo. Por fin terminada la obra, Tierra, mar y aire resultó cubriendo el frente de los 3 pisos (9 x 6mts.) del edificio. Obregón hizo uso de colores intensos y de símbolos en honor a la majestuosa naturaleza del trópico. Por encima de todo, este mural es de suma importancia para el patrimonio, no sólo barranquillero sino el de Colombia, porque es de carácter público: se puede apreciar libremente y en cualquier momento. Pero, resulta ser que su mejor cualidad es también su enfermedad. El mural ya lleva más de 52 años a la intemperie, y se está viendo perjudicado por precisamente esto. Se le han desprendido varias teselas y, debido a que es tan antiguo, ese material ya no se consigue. La conservación y restauración de la obra están complicadas, pues los organismos del Estado no han mostrado mucho interés por ello, y el Sr. Mair no la puede tocar pues es un bien perteneciente a la ciudad -la cual no ofrece alternativas tampoco. Hasta el día de hoy, no se ha comenzado ningún proyecto para salvar esta obra del maestro Obregón.