Durante los meses de mayo y junio, la galería Dot Fiftyone, ubicada en el Wynwood Distric, puso a nuestra disposición Miamicito, una excelente muestra del quehacer de artistas bolivianos contemporáneos. El sugerente título se inspira en el popular mercado de pulgas de la capital boliviana que alude a la ciudad de Miami en cuanto plaza de compras para muchos países latinoamericanos y donde se puede encontrar prácticamente de todo. Raquel Schwartz, directora de Galería Kiosko, de Santa Cruz, y curadora de la muestra, explica que el título fue escogido para destacar el carácter ecléctico que distingue a la muestra, que "pretende aludir a esa heterogeneidad sincrética, a ese mudable espíritu de los tiempos que se debate entre la pretensión de una identidad planetaria híbrida y la irreductible necesidad de afirmar lugares propios de enunciación". Siendo así, Miamicito propone una lectura dinámica entre las obras que integran la exposición, caracterizada por la pluralidad de voces y soluciones formales. Entre las obras presentadas destaca la instalación de Eduardo Rivera Salvatierra, Dictator's Last Supper (La última cena del dictador, 2010). La instalación se compone de una delicada mesita oblonga plagada de orlas y volutas sobre la que descansa -a modo de ofrenda o relicario- un impoluto sagrado corazón del que parece estallar la más sofisticada platería. Vasos, copas, cubiertos y saleros suspendidos en el espacio por cuerdas oscuras que a modo de intrincada tela de araña detienen caprichosamente el tiempo e incitan a la reflexión. La polémica obra cautiva por el dominio espacial, donde sobresalen el cuidado juego de luces, el abigarrado entramado de hilos negros y los destellos de luz provenientes de la platería recién lustrada. Woven Channels (Canales entretejidos), de Raquel Schwartz, se impone por su síntesis, eficacia y plasticidad. Asistimos a un laborioso tejido de veintiún metros de largo por cinco de ancho confeccionado a partir de trescientas cintas de audiocasete usadas. La recurrencia al tejido y a la cinta de audio impone una reflexión en torno al tiempo en dos niveles. El primero, asociado a la noción de lo perentorio que secunda nuestra existencia y que deriva de ese tempo acelerado que impone la sociedad contemporánea, en la que todo caduca en breve lapso, desde técnicas tradicionales milenarias como el tejido hasta descubrimientos técnicos recientes como la cinta de audio. Contrapuesto a este frenesí, Schwartz propone entonces un segundo nivel: la duración. Ese lapso magnífico, tiempo real imprescindible para la confección del tejido o para, sencillamente, escuchar. Desde el punto de vista visual, Woven Channels juega con componentes del entorno como la gravedad y la luz. Heredera de la noción informalista del arte inaugurada por Robert Morris, el manto colgado del techo, nunca es el mismo, variando su forma en cada presentación, mientras que el óxido de metal presente en la cinta magnética crea cambios de tonalidad al contacto con la luz y al paso del espectador que rodea la pieza. Lograda sinestesia, Woven Channels constituye una aguda reflexión acerca de la sobreabundancia de información y la falta de tiempo real para su procesamiento, erigiéndose en monumento a esa suerte de palimpsesto o torre de babel de la información que tipifica a la época contemporánea. La trilogía de Claudia Jaskowickz es escalofriante. La instalación videográfica muestra tres tiempos históricos de la historia boliviana, cuyo sino común son la muerte y el mito, reinterpretados aquí por medio de la imagen ficcionada que suplanta al hecho y se instaura en cuanto memoria histórica. En Drawn and Quartered (Arrestado y descuartizado, 2007), Jaskowickz recrea la ejecución pública del líder indígena Túpac Katari, sentenciado por los colonizadores españoles a morir descuartizado por cuatro caballos en la plaza del pueblo de Peñas, en 1781. El video de Jaskowickz muestra en ralentí el trágico momento en que el cuerpo...