Es la tercera vez que la artista argentina Marcela Gómez (Rosario, 1963) fue invitada al evento internacional Nuit Blanche, que se celebra en París cada primer fin de semana de octubre. En 2014, presentó la instalación electroluminiscente inmersiva Apesanteurs (Ingravidez), en el Gymnase Huyghens, y en 2021, en la Église Sainte-Claire (iglesia de Santa Clara), donde diseñó una gran llama del mismo material. Creado en 2002 por la ciudad de París, este evento internacional ha acogido a más de 4.000 artistas, tanto consagrados como emergentes, que han sido expuestos en los lugares más insospechados. Artistas de la talla de Michelangelo Pistoletto, Carsten Höller, Pierrick Sorin, William Forsythe y Subodh Gupta, y los latinoamericanos Julio Le Parc, Asdrúbal Colmenares y Leandro Erlich, por citar solo algunos, en espacios como iglesias, piscinas, bibliotecas, jardines públicos, estaciones de ferrocarril, muelles del Sena, plazas o gimnasios. La idea ha sido emulada no solo en Europa, sino en todo el mundo, y en América Latina ha atraído a ciudades como Buenos Aires y Belo Horizonte.
La artista, que vive en París desde 1980, expone tanto en Francia como en Argentina. Su curiosidad la ha llevado a trabajar con muchos materiales, como raíces, ramas de árboles, caucho, hielo y fuego, así como el uso de espejos. Desde hace varios años, Marcela Gómez se plantea el reto de dar vida al espacio, de dibujar y construir el vacío para darle forma y existencia, de hacer de la transparencia la materialidad virtual de su relación sensible con el mundo.
La instalación lumínica de Marcela Gómez en la fachada de la Embajada Argentina tiene 15 metros de altura y 9 metros de ancho (monocromo rojo/fuego). Titulada Chispa, fue realizada, como la mayor parte de su obra actual, en el material que utiliza con gran maestría, el hilo electroluminiscente. La ingravidez es el resorte esencial de su trabajo de investigación, es el eje de un discurso interior y artístico, en el que las fuerzas opuestas que cuestionan el espacio actúan en una dialéctica constante. El camino que sigue Marcela Gómez, entre el trazo y la forma, entre la línea y el volumen, la sitúa en una tradición geométrica, constructivista y cinética latinoamericana, que tuvo su debut a principios de los años treinta del siglo XX. La artista persigue esta búsqueda del universalismo, donde la exigencia de lo esencial se traduce en suaves metáforas, en un minimalismo poético y sensible.