Obituario19 de febrero de 2014

Luis Tomasello

El arte latinoamericano se ha enlutado con la pérdida de una de sus figuras clave, el 30 de enero, a los 98 años, murió Luis Tomasello en la ciudad de París, donde residía desde 1957. Allí descansa en la inmortalidad de su genio. Fue a fines de los '60 cuando comenzó mi contacto directo con su obra. Habiendo obtenido una beca del gobierno francés para realizar una tesis de doctorado en París, no me resultó difícil ver que el tema más ventajoso para un investigador latinoamericano era el arte cinético ya que allí se concentraba el grupo más potente de representantes que provenía, en su mayor parte, de Latinoamérica. En la muestra Lumière et mouvement que Frank Popper curó en el Museo de Arte Moderno de Paris en 1967, con el objetivo de hacer un balance de la expansión de la tendencia, hubo más de un 30% de latinoamericanos, entre ellos Tomasello, Soto, Cruz Diez, Le Parc, Vardanega y Martha Boto; todos residían en París beneficiándose de importantes estímulos, como el apoyo de Denise René en cuya galería encontraron un prestigioso espacio de exposición. Fue para mí un privilegio contar con la posibilidad de ir a las fuentes tomando contacto directo con los representantes principales del cinetismo. Además, con Tomasello disfruté del privilegio de la amistad y esta cercanía me permitió apreciar la importancia –muchas veces motivadora de obras- que tuvo su amistad con el pintor y escultor Julio Silva y con escritores como Julio Cortázar o Saúl Yurkievich. Con Cortázar se dio una inspiradora "complicidad", año a año enriquecida por los veranos compartidos en Saignon, en el sur de Francia. Frutos de esa complicidad fueron dos libros-objeto: Un elogio del tres (1980) y Negro el 10 (1984) donde el literato comentaba las ideas del artista. Al referirse al honor amargo de diseñar la tumba a su amigo, dice Tomasello: "Yo le hice su última casita". Cuando en 1982 falleció Carol Dunlop, compañera de Cortázar, éste ya estaba enfermo; entonces le pidió a Tomasello que diseñara un lugar para que la pareja descansara. El resultado fue un libro abierto de dos páginas, hecho en mármol, que hoy puede verse en el cementerio de Montparnasse, en París. "Lo que queda de un hombre, dice Paul Valéry, es lo que su nombre hace pensar". ¿En qué nos hace pensar el "nombre" Tomasello? Diría que en el mayor grado de poeticidad que el luminocinetismo alcanzó. Frente a la aceleración vertiginosa que impacta en la obra de muchos de sus colegas, nos hizo experimentar el admirable temblor del tiempo que eclosiona en los juegos del color-luz que discretamente aparecen y desparecen sobre la superficie del plano. La historia del arte dirá que uno de los mayores aportes de su luminocinetismo fue lo que él denominó "color-sensación", hallazgo que materializó en sus Atmósferas cromoplásticas. El "color sensación", sobre el que trabajó obstinadamente desde fines de los años 50, surge de colorear las caras de los cuerpos geométricos (principalmente cubos blancos) que se ocultan a la visión frontal; de este modo, el color se refleja sobre el soporte en una especie de aura transformada por el desplazamiento del espectador y la diferente incidencia de la luz natural o artificial. Dado que sus relieves se proyectan lumínicamente en la bidimensionalidad del plano, Tomasello se consideró m&aacut...
Luis Tomasello
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