Los Meandros de la Memoria conduce a un clima que impregna toda la obra del pintor, confiriéndoles a los recuerdos un fuerte papel organizador. El artista se siente tomado por esa nostalgia ya desde su infancia, época en que los inmensos paisajes solitarios de Río Grande do Sul se graban en su memoria, con los carriles del tren corriendo hacia muy lejos y los cables del teléfono demarcando esos espacios sin límites. Metáforas de la existencia humana, la del pasante solitario, la del trotamundo que avanza por un camino cuyo horizonte se va alejando. Comparable al trotamundo, el pintor se enfrenta a una soledad reforzada por la marcha inexorable del tiempo. El tiempo transforma las cosas que amamos -decía Iberê- y nos aleja irremediablemente del patio de nuestra infancia a donde aspiramos volver". Un paseo por los recuerdos de Iberê Camargo es la propuesta del curador francés Jacques Leenhardt en la exposición que marca el 15º aniversario de la Fundación que lleva el nombre del artista. Las 72 obras -26 pinturas, 39 dibujos, 7 grabados- serán presentadas al público en el cuarto piso de la institución en Porto Alegre, hasta el 3 de abril de 2011. Para desarrollar el trabajo, el filósofo y sociólogo Jacques Leenhardt, director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), trabajó con ahínco a partir de un gran volumen de documentos, cartas, entrevistas, textos literarios y principalmente con el libro de memorias Gaveta dos Guardados (Cajón de los Guardados), escrito por el artista y recientemente relanzado por la editora Cosac Naify. ¿La relación con el pasado, como un mundo feliz y desaparecido, da su nota de melancolía a una de las búsquedas pictóricas más consecuentes y solitarias de la pintura brasileña de los últimos 50 años¿, dice Leenhardt. Para el curador, la búsqueda en el tiempo perdido se muestra en todas las temáticas trabajadas por el artista a lo largo de su carrera, cerrada con su muerte en agosto de 1994. Leenhardt vuelve a trazar los grandes momentos que marcan el ritmo de la evolución del artista, especialmente a partir de su período de estudios, en los años 40, en Roma, con el pintor italiano Giorgio De Chirico. ¿El clima del período metafísico de De Chirico, entre 1910 y 1920, impresionará a tal punto al artista que pasará a ver en él su propio malestar y desarrollará da allí en adelante muchos temas familiares. En mi opinión, el contacto prolongado de Iberê con De Chirico es tan importante para su arte como los procedimientos técnicos que pudo aprender con el artista, y mucho más determinante para la evolución formal de su producción que los cursos que hizo en París con André Lhote¿, complementa. ¿Con De Chirico yo siento afinidad porque él también expresó la soledad y el misterio que rodea a todas las cosas¿, escribió Iberê. En esta exposición, el curador les da una importancia particular a los dibujos ¿la mayor parte de los cuales serán exhibidos al público por primera vez¿ ¿pues rebelan, de manera espontánea, su visión trágica de la vida, además de mostrar la insatisfacción con la finalización de sus obras. A través del diseño, el artista se libera de lo definitivo y letal que existe en la obra acabada¿. En la serie Os Carretéis, Leenhardt procura mostrar la pérdida de la estabilidad dominante de los comienzos, que se transforma en un desequilibro. También se enfatiza el papel del maniquí, ¿medio cuerpo vivo, medio cuerpo mecánico, entre la vida y la muerte¿ y los autoretratos. ¿Iberê siempre intentó dejar su imagen grabada. La técnica del bolígrafo que va y viene, como en el retrato de la tapa del catálogo de la exposición, lleva la imposibilidad de producir una imagen definitiva, una vez que el ser humano es demasiado complejo, contradictorio, inquieto¿.