Nota de Arte19 de enero de 2017

La Macolla. Brote creativo

En la humilde y tradicional parroquia caraqueña de La Pastora se encuentra la casa que cobija y abona uno de los proyectos creativos más entrañables e innovadores de la capital venezolana: La Macolla. Su nombre nace de la confluencia que en el argot criollo tiene el vocablo, por una parte, atajo de retoños vegetales, y por otra, grupo de personas unidas en complicidad, a la manera de una pequeña mafia. El espacio, creado en 2014 por los artistas plásticos Desireé Chique y Julio Loaiza, y a cuya organización se integró más tarde el pintor Rafael Arteaga, comenzó con la producción de audiovisuales documentales donde se registraba el trabajo de creadores venezolanos. Los procesos de realización de los documentales motivaron el interés por establecer un lugar en los que pudieran converger la creación, la vivencia compartida, la exhibición, la tertulia y la discusión estética. En La Macolla se realizan actualmente ciclos de residencia artística, en los que el creador invitado desarrolla por una semana un proyecto que luego expondrá en una pequeña pero bien acondicionada sala de exhibición, ubicada en el segundo piso de la casa, o en intervenciones en la ciudad o en la comunidad. El proceso involucra no sólo la creación, sino la experiencia de convivencia, trasvasada en el compartir alojamiento y alimentación, así como el apoyo en la consecución de materiales, acondicionamiento de espacios y la incorporación de voluntarios para colaborar en el montaje, la preparación de la comida y aseo, y otras actividades. En el marco de la residencia es fundamental la participación activa del invitado y sus anfitriones en las reflexiones que se suscitan durante este proceso de creación y de relación. Hasta la fecha, este proyecto ha albergado a los jóvenes artistas Daniel Guerra, Leonardo Nieves, Rafael Arteaga, Isabel Herrera, Renzo Rivera, Jennina Guzmán y Prada Colón. El placer y el solaz como medios en los que la creación y la reflexión florecen son cultivados conscientemente en La Macolla. En este sentido, la cocina y la sala de estar, ubicadas en la terraza de la casa, son quizás el corazón del lugar. El hacer y compartir la comida, el rescate del olvidado arte de la conversación, y la simple y nutritiva contemplación (la casa, situada casi a los pies del Ávila, ofrece magníficas vistas del cerro y de las añosas viviendas del sector), llenan este espacio de una vivificante energía, donde ideas, experiencias, sensaciones y gustos son el caldo propicio para que artistas, visitantes, público y gente de la comunidad construyan una experiencia integradora del arte y la vida. Como bien lo han descrito sus organizadores en la publicación que preparan como registro de su interesante y amoroso trabajo, La Macolla es un "vivero artístico de brote y creación. Lugar de encuentro donde se genera el trabajo de taller para proyectar ideas y pensar en el espacio habitado. Una experiencia de gestión colaborativa. Un laboratorio para encontrarnos, producir y convocar los placeres".
La Macolla. Brote creativo

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Imagen 1 - La Macolla. Brote creativo
Imagen 2 - La Macolla. Brote creativo
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