Reseña de Libros27 de febrero de 2015

La energía del color. María Martorell

Es un hermoso libro, muy ilustrado, que vuelve a poner –junto a la exposición de obras de la artista en el Centro Cultural Recoleta- a María Martorell en el nivel que merece dentro del arte argentino. El libro tiene una diagramación un poco desorientadora para el lector no avisado y está precedido por la presentación de Andrea Elías, directora del Museo de Bellas Artes de Salta. Una cincuentena o algo más de excelentes ilustraciones de la obra de la artista vienen a continuación interrumpidas, en algunos casos, con una aclaración sobre la misma y, en otros por una página de color liso. Las aclaraciones están referidas a puntos importantes dentro de su producción, como es el caso de Fuga (1958-59), que es cuando Martorell empieza a trabajar dentro del concretismo o Echo (1968), un díptico que señala el comienzo de su trabajo en las ondulaciones. Lo mismo sucede con Sigua (1976) cuando sus ondulaciones dejan de tocar el borde del soporte; Silencio (1981) marca la reducción de la paleta a escala de valores dentro de un mismo tono hasta ser absorbidos por el fondo. Los ensayos que aparecen en el libro pertenecen a María José Herrera y Andrea Elías. Ambas han consultado minuciosamente el archivo de M.M. La autora del primero de estos textos señala, con propiedad, la ansiedad por la falta de tiempo que acosa a M.M. al sentirse identificada con el quehacer vanguardista de artistas más jóvenes que ella. Se refiere, luego, a la importancia que tuvieron para ella, una mujer muy culta, las lecciones sobre sociología del arte de Francastel y de Paul Rivet en París. Ellos decantaron su formación anterior hecha a través de lecturas y las clases del profesor Romero Brest y la llevaron a ver el arte como una forma de conocimiento. También el haber dialogado con artistas del calibre de Vantongerloo, Schoeffer y Jesús Soto, así como los estudios que comenzaban a aparecer en nuestro ambiente sobre percepción visual y psicología de la forma le proporcionaron un andamiaje conceptual que la artista registró en un maduro manuscrito en 1965. Herrera subraya la consagración que para ella representó ser elegida por Romero Brest –entonces director del Museo de Bellas Artes- para la exposición Ocho artistas constructivos junto a Bruzzi, Espinosa, Lozza, Sabelli, Vidal y Silva. Se detiene la autora luego en exposiciones importantes en las que participa M.M. como Del arte concreto a la nueva tendencia (1963, en el Museo de Arte Moderno), Más allá de la geometría en el Instituto Di Tella, Once pintores constructivos. No deja de señalar la autora la importancia americanista de su época dedicada a los tapices y luego a la ambientación llamada Banda oscilante donde M.M. buscó una salida al lenguaje tradicional pero sin traicionarlo. Su sueño de resaltar la energía del color se hizo, a través de ella, recorrido metafórico. También señala Herrera la participación de M.M. en el auge de las exposiciones de artes aplicadas y nuevos materiales. En Objetos útiles e inútiles con acrílicos Paolini (1970), M.M. expuso Experiencia A6, un biombo divisor de ambientes en el rubro de los objetos útiles y dos piezas en colaboración con Rogelio Polesello en el de los inútiles. Realizó exposiciones individuales por invitación en Venezuela y Colombia y una colectiva en México DC, a partir de la cual una de sus obras pasó a formar parte del acervo del Museo de Arte Moderno de dic...
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