Para curar una exposición sobre el trabajo, Pilar Villela tuvo claro desde el principio los peligros y ambigüedades que caben dentro de la idea del trabajo y sus extensiones posibles. Frente a la imagen glamourizada del trabajador, ampliada y puesta en posters y desprovista de sus atributos esenciales, están las preguntas que generan las condiciones laborales que se viven en la actualidad, pero también las que surgen en el cotidiano del hombre (y la mujer) común donde todo acción supone un trabajo, sea éste renumerado o no, y que presupone un despojo cuando falta un verdadero intercambio. El fin no era una documentación del trabajo como una reflexión del mismo, de sus lugares, de sus extensiones, de sus restricciones, de su valor real, como sometimiento pero también como subversión.
Esa misma paradoja está en el título de la exposición, La empresa soy yo, es una declaración de principios. Es la afirmación del que se auto-emplea, sea porque ha visto agotadas sus perspectivas laborales en las empresas de los demás o porque ha decidido ser su propio patrón. También es, por supuesto, una alusión burlesca a la frase célebre de Luis XIV, "El estado soy yo". Frente a la declaración de principio de la monarquía absoluta, la declaración de principio del trabajador absoluto. El monumento a este trabajador en su omnipresencia, pero también, en su invisibilidad, es negativo.
La pieza "Despierto/Dormido" del artista rumano Daniel Knorr consiste en un dispositivo electrónico que enciende y apaga un dispositivo en la sala con mensajes de texto enviados todos los días desde Berlín. La pieza es un contrato. Knorr juega con la idea del tiempo laboral: está ahí, aunque no esté ahí, y luego deja de estarlo. La idea del tiempo laboral y sus indicadores está también en el video de la artista judeo-argentina Mikka Rothenberg (quién expone por primera vez en México); "Tiempo y medio" muestra a una mesera que mata el tiempo en una restorán chino vacío. Sus uñas manicuradas son un indicador de un producto del tiempo de trabajo; pero también son la medida –el golpeteo de las uñas contra la mesa- del tiempo que transcurre. "Strike I" y "Strike II" -de la alemana Hito Steyerel- juegan con el doble sentido en inglés de la palabra strike –golpe y huelga- con una acción literal –un golpe de cincel y martillo- contra un cámara de video que rota, o mejor dicho, transformada, continúa funcionando.
La finlandesa Pilvi Takala pone en evidencia los límites y extensiones de la explotación en su video "La verdadera Blancanieves". Pablo Macotela esconde a plena luz (con inserciones pagadas en un diario mexicano) una consigna de entrenamiento de un cuerpo de elite del Ejército Mexicano en "Perro/Dios". Los polípticos de la peruana Daniela Ortiz muestran a partir de planos de casas el tamaño de las habitaciones de la servidumbre. Amanda Gutiérrez usa el testimonio de un trabajador de una famosa marca de galletas estadounidense y lo alterna con las galletas descontinuadas de una fábrica estadounidense que compran por nostalgia sus antiguos empleados chicanos para hacer el retablo emocional: "Breviario de un obrero".
Estuvieron también en la exposición piezas de Ricardo Atl (una cámara carbonizada sobre un charco de plomo), de Víctor G. Noxpango (un cubo invertido que sirve de trono para el cuidador del museo), Gustavo Rodríguez Nava (papel de baño con impresión digital), Vicente Razo (pi...




