Obituario28 de noviembre de 2018

Juan Castro y Velásquez

Aún recuerdo cuando Juan me explicó sobre algunas de las cerámicas que catalogaba para el Museo de Antropología del Banco Central en su oficina de la sede de Guayaquil ¿también conformó para esa entidad las bases de la Pinacoteca¿. Pero ese noviazgo con la burocracia duró muy poco y Juan empezó a comienzos de los años 80 su singular labor. Fue un momento fortuito en Guayaquil, dados los ecos de las vanguardias internacionales, una generación de jóvenes, y Juan, el gran catalizador. Su labor fue incansable y a dos bandas: por un lado, crear y educar un nuevo público, y por el otro, acompañar y aconsejar a los jóvenes artistas. Crítico, curador y gestor eran términos y funciones que no existían y Juan las asumió; además tuvo que defender a capa y espada las nuevas propuestas. Por fortuna, Juan y los jóvenes artistas de la Artefactoría triunfaron y el arte del Ecuador se renovó. Pese a ser el más radical de los provincianos, en un país de provincias, Juan intuyó que su labor debería ir más allá de su ciudad y, así, trabajó incansablemente por las nuevas propuestas en Cuenca y en Quito, y aún más: consciente de los nuevos tiempos apoyó, cuidó y protegió a otros artistas jóvenes de paso por Guayaquil, como el venezolano Juan Loyola y la colombiana María Evelia Marmolejo. En la madurez de su actividad realizó estudios exhaustivos, curadurías y montajes de exposiciones, entre ellas, las de Manuel Rendón Seminario y Leonor Rosales Pareja, artistas guayaquileños que se desarrollaron en París. Pero Juan no se podía quedar únicamente en las artes visuales y luego volcó sus fuerzas y conocimientos musicales en la Sociedad Fondo Jóvenes Talentos, entidad donde otra vez fue educador y potenció sus actividades con el mecenazgo. Eludo por discreción mencionar toda la riqueza humana de la personalidad de Juan y solo esbozo una pequeña parte de su perfil académico. Él aprueba mis torpes letras y pido excusas a sus amigos por no escribir sobre la intimidad de ese gran ser humano. Termino mencionando a dos de sus hadas madrinas: Madeleine y Matilde.
Juan Castro y Velásquez
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