Nota de Arte27 de enero de 2017

Juan Acha, por una nueva problemática artística

Para conmemorar el centenario del nacimiento de Juan Acha, el Museo de Arte Moderno trabajó en colaboración con "Los Yacuzis. Grupo de Estudios Sub-Críticos" (colectivo de artistas, historiadores, editores, periodistas y curadores surgido de la segunda generación de la Escuela de Crítica, organizada por el Proyecto Siqueiros del INBA en La Tallera de Cuernavaca) para curar una exposición que revisara y actualizara la figura de este teórico y crítico de arte peruano. No deja de haber un vínculo o puente entre el análisis tan concienzudo que hizo Juan Acha de una escena local (y regional) y sus distintas manifestaciones, con el interés de este grupo por hacer crítica (y subcrítica) en lo consiguiente a seguir abriendo brecha a nuevos cauces de expresión y dejar constancia de ellos. Juan Acha fue una de las figuras clave en los años setenta de la escena del arte latinoamericano en general, y para el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México en particular. Como coordinador del museo, estuvo a cargo de programas de exhibición, adquisición, educación y edición durante la gestión de Fernando Gamboa como director del museo. Su visión del arte (o mejor dicho, de las distintas formas de arte) fue determinante no solo para construir una escena del arte latinoamericano que se deslindara de la metrópoli (fuera cual fuera esta) sino para definir las diferencias entre el arte culto, la artesanía y el diseño, lo que vendría a trazar las líneas que han definido tanto el uso y explotación como el acervo y la catalogación de cada una a través de diversas instituciones públicas y privadas. Este colectivo crítico, apoyado por diversas instancias culturales, parte de los cinco temas clave analizados por Juan Acha (el nuevo muralismo, el geometrismo, el arte tecnológico, el arte icónico-verbal y el arte no-objetual) para revisar el acervo del museo y poner en sala obras emblemáticas de la colección, para trazar y discutir los caminos que ha tenido el arte, desde la beligerancia del autoproclamado tercer mundo hasta la realización –siempre paradójica– de la aldea global. El colectivo se apropia –de manera figurada– de un acervo, una institución y una figura para tender un campamento literal en la sala. Las obras de artistas como Rivera, Siqueiros, Horna, Belkin, Gas, Gurrola, Ehrenberg, el Grupo Suma, el No Grupo, Hersúa, Rayo y Vasarely, entre otros, conviven con aquellas que creó el colectivo a partir de su trabajo con los acervos, en un mapa en el que se traslapan y confunden momentos históricos. Destacan, considerando el arte en tiempos de la reproducción mecánica –tan importante para Benjamin como para Acha–, los mosaicos realizados por Daniel Aguilar, armados con lo que pudo comprarse por 4000 pesos en el Mercado de Artesanías de Coyoacán y en la tienda oficial del Museo Frida Khalo, respectivamente, a partir de memorabilia de Las dos Fridas. Meditación sobre precios, espacios, asequibilidad y accesibilidad a partir de las versiones y los soportes en que se reproduce la imagen de esta obra emblemática de la colección del museo, que se encuentra prestada en este momento, y que fue sustituida en sala –con toda intención– por una réplica realizada por Héctor Pérez en 1997 (y que también forma parte del acervo). Participaron también las colecciones de la Sala de Arte Público Siqueiros-La Tallera, del Museo Archivo Diseño y Arquitectura y del Espacio Arte Contemporáneo. Esta exposición inauguró el proyecto #JuanAcha100, donde colaboraron el CENIDIAP, Ex-Te...

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