Hélène Joy Laville Ibargüengoitia, de 94 años, reconocida pintora en México, su país adoptivo, falleció a las 12:04 p. m. del viernes 13 de abril de 2018, en su casa de Jiutepec. En 1956, cuando vivía en Canadá, Laville, después de leer Under the Volcano [Bajo el volcán], de Malcolm Lowry, decidió viajar a México y convertirlo en su hogar. Poco después, ella y Trevor, su hijo de corta edad, llegaron a San Miguel Allende sin conocer a nadie. Ella asistió al Instituto Allende durante los dos años siguientes, al cabo de los cuales había forjado el estilo pictórico intuitivo que la hizo merecedora del creciente reconocimiento de críticos y coleccionistas. Una tarde se encontró una caja de pasteles y papel que un estudiante había dejado olvidados. Ella nunca había usado pasteles y no pudo prever la sinergia que resultaría de la combinación de estos elementos con su temperamento calmado. Sin pensarlo ni hacer un arduo esfuerzo, descubrió su propio estilo a medida que un paisaje de San Miguel surgía sobre el papel. Un momento efímero que había permanecido en su memoria se transformó en una experiencia visual. A ese paisaje al pastel le siguieron otros recuerdos de temor y nostalgia, de amor y pérdida, de tristeza, de silencio, de sensualidad y de asombro, todos en la misma técnica. Joy Laville nació en Ryde, en la isla de Wight (Inglaterra), el 8 de septiembre de 1923. Su padre, el capitán Francis Anton Laville, perteneció al Séptimo Rajput del Ejército indio y a menudo estaba ausente. Joy vivió una niñez tranquila y feliz, y desde entonces demostró interés por el dibujo. Cuando tenía 20 años, un dibujo de unas piernas hecho por Diego Rivera le causó una profunda impresión. No podría haber imaginado que un día ella sería reconocida internacionalmente como pintora mexicana y que recibiría las más altas distinciones otorgadas a un artista mexicano, incluidos la Medalla Bellas Artes, en 2012, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes. En 1966, Joy Laville se encontró, de manera profética, en medio de una histórica controversia que la llevaría del anonimato al protagonismo. Ella estaba entre el grupo de talentosos artistas jóvenes invitados a participar en Confrontación 66, donde sus obras estarían colgadas en el Palacio de Bellas Artes, junto con las de pintores de la tradicional Escuela Mexicana. El innovador aporte de algunos de los jóvenes se conocería como La Ruptura por el caos que se desató tras la apertura de la exposición. Se produjeron enfrentamientos y las pinturas de los dos bandos fueron destruidas con violencia. A Joy Laville, cuya obra no pertenecía a ninguno de los grupos rivales, se le otorgó de forma inesperada el Premio de Adquisición por el Palacio de Bellas Artes, y todos celebraron la decisión. Sin darse cuenta, ella hizo historia en el mundo artístico de México al despejar el camino para cualquier artista que deseara liberarse. Se convirtió en un nombre familiar; Leonora Carrington y Gunther Gerzso se hicieron amigos y admiradores suyos. Un año antes, el 15 de julio de 1965, Laville había conocido al amor de su vida, el autor mexicano Jorge Ibargüengoitia. Vivieron juntos por casi veinte años, hasta el domingo 27 de noviembre de 1983, cuando él se mató en un accidente aéreo cerca del aeropuerto de Barajas. En esa época, estaban viviendo en París, y ella regresó a México y se ...