Obituario9 de octubre de 2017

Jorge Castillo

El fallecimiento de Jorge Castillo en Uruguay, ha significado no solamente la desaparición de un gestor cultural entrañablemente vinculado a las manifestaciones artísticas, sino la pérdida de quien fue, para la imagen de ese país en el sistema de circulación internacional del arte moderno y contemporáneo, un referente clave durante los últimos treinta años.

Desde sus orígenes en diciembre de 1984 la Galería Sur tuvo la impronta personal de Jorge, habiendo consistido en un emprendimiento familiar, ya que en su creciente visibilidad regional e internacional contó no solamente el amplio abanico de relaciones interpersonales creado por él a lo largo de varias décadas, sino también la iniciativa y estrecha colaboración de su hijo Martín, que hoy la dirige, y de su mujer, Doris Ferretti.

Cuando a principios de la década de 1950 el crítico e historiador argentino Jorge Romero Brest comenzó a dictar cursos de historia del arte en Montevideo, tuvo como discípulos, entre otros uruguayos que más tarde destacaron en la crítica, a Jorge y a Doris. Fue en el marco de esos cursos, usufructuando una beca de dicho profesor, que ambos asistieron a la II Bienal de Sao Paulo en 1953, evento que tuvo enorme repercusión regional por la presencia de obras emblemáticas de las vanguardias europeas de la primera mitad del siglo veinte, a las que se sumaban las emergentes vanguardias abstracto geométricas del Cono Sur. En esa oportunidad conoció a Pietro María Bardi –que había fundado el Museo de Arte de Sao Paulo seis años antes- y a Lina Bo, con quienes mantuvo una amistad de casi tres décadas.

La modalidad sincera, afectuosa y reflexiva de Jorge Castillo, fue tejiendo desde entonces relaciones amistosas con destacados artistas, marchands, coleccionistas, directores de museos y críticos de arte de todo el mundo, ya sea porque él viajaba con frecuencia o porque muchos importantes agentes del campo del arte visitaban América Latina y, en especial, lo hacían a las Bienales de Sao Paulo. En 1959, durante una estadía en París, entabló de una sola vez amistad con el poeta cubano Nicolás Guillén, con el pintor chileno Roberto Matta, con el poeta español Rafael Alberti, con el pintor mexicano José Clemente Orozco, entre otros. Esa diversidad y calidad de contactos internacionales fue la principal cosecha de sus viajes, de su temperamento y de sus tertulias con intelectuales ya sea en Buenos Aires, Nueva York, Londres o París, entrada la década de 1960.

En España realizó una pesquisa por las ciudades y pueblos que, entre 1915 y 1928, fueron sede del pintor uruguayo Rafael Barradas, ubicando obra suya en poder de familias y coleccionistas privados cuando aún Barradas era un desconocido en la península. Allí entabló amistad con el crítico español Luis González Robles, quien a su vez visitó Montevideo como comisario de la exposición "Espacio y color en la pintura española de hoy" en 1960. Muchos años después, en 1993, Jorge Castillo tuvo una participación activa en la primera gran retrospectiva de Barradas que se realizó en Cataluña, en el espacio Tecla Sala de Hospitalet, como la tuvo también en el impulso dado a la consideración internacional de la obra de Pedro Figari, con motivo de la muestra que llevó a la XXIII Bienal de Sao Paulo en 1996.

Por otra parte, logró establecer tempranamente una estrecha amistad con la familia de Joaquín Torres García, especialmente con su mujer, Manolita Pi&...

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