Nunca fue fácil resistir a los cantos de sirena, y menos no caer en el embrujo de su hechizo. Sobre todo, de aquellos que reportan beneficios, lucro, ventajas.... En el caso de Hudinilson Urbano Junior (São Paulo, 1957- 2013) quedó muy claro, y bien temprano, que había otros cantos, poéticos, que el artista sí escuchó y que no se encantaría con las melodías padronizadas del éxito o del prestigio frente a la verdad de una biografía convertida en poética viva, en la cual vida y obra irían a tramar sus tensos hilos, su urdimbre como una deriva (un flujo en parte fluxista). De hecho, y como uno de los artistas más marginales de la historia estética brasileña (no olvidemos el lugar semi-olvidado de Oiticica durante muchos años), practicó una actividad artística en los extremos de las experiencias y de los soportes, al límite de sus naturalezas pre-concebidas (y dentro por tanto de la polivalencia conceptual y de medios de los años 70/80); y, en suma, en aquel lindero donde las formas y los conceptos se configuran y se friccionan con los contextos (y no sólo políticos, también culturales e institucionales). Así, cuando la dictadura en Brasil era la plomiza tela de fondo, la transgresión respondía a la normativización de la violencia –manu militari– oficialmente legitimada. Con los tiempos democráticos y posdemocráticos –los vividos por Hudinilson ya con absoluta desmitificación de su pedigrí político idealista–, la violencia fue siendo victimizada y considerada patrimonio exclusivo del Estado, valga decir, prohibida a la concurrencia de cualquier especie. Detectar eso llevaba a cierta lucidez crítica pero también a algunos riesgos contractuales, corridos en un itinerario intenso y lleno de álgidos contrastes. Caso de los cuatro años de existencia del grupo 3NÓS3 (1979-1982), formado con Mário Ramiro y Rafael França, orientados hacia la intervención urbana más contestataria. Sus 11 sonadas acciones públicas tienen todavía la contraseña "de la transgresión, de la ilegalidad y de la manifestación de pensamientos e prácticas marginales a los procesos oficiales", como ya dicen los anales de arte, y fueron trabajadas con la comunicación social.
Más allá de este ámbito público, donde también sobresale el graffiti utilizando esténcil (década 80, a veces en compañía de Alex Vallauri, de quien recibe orientaciones), Hudinilson Jr. experimentará múltiples expresiones artísticas: dibujo, pintura, mail-art (arte postal), xerografia (arte Xerox, como pionero en Brasil). Y como sucede con Alair Gomes o Victor Arruda, en el artista paulistano se podrá reconocer una introspección imagética –homoerótica militante– del cuerpo masculino, lo que alimentó obras emblemáticas como a "xerox performance" de su propio cuerpo en Exercícios de me ver (1982 en adelante), pero también centenas de agendas como libros de artista sui generis, en los cuales la iconografía mixta resultante de diversos universos (media, cine, arte) se asemejaba al transversal espíritu visual de los Atlas Mnemosyne de Aby Warburg.
Como un Narciso revirado, al contrario, rebelde, víctima del alcoholismo y marginalizado por el contexto del arte paulistano –signo del mercado del país–, sólo recientemente fue en parte "rescatado" y realizó dos muestras individuales en la Galería Jaqueline Martins, así como fue presen...
