La historia tras la obra del artista visual Guadalupe Maravilla, establecido en Brooklyn (Nueva York), es bastante particular y, en cierta manera, terapéutica.
En 1984, a la edad de ocho años, emigró a Estados Unidos indocumentado y solo, huyendo de la guerra civil en El Salvador. De adulto, fue diagnosticado con cáncer, tratado con radiación y quimioterapia, junto con otras prácticas curativas, tales como los baños de sonido, y se libró finalmente del cáncer.
La práctica interdisciplinar del artista se refiere constantemente a estas experiencias de exilio y enfermedad, migración y curación.
La exposición reúne más de treinta obras en diferentes formatos, incluida una serie de esculturas titulada "Lanzadores de enfermedades", creadas a partir de objetos y materiales recolectados por el artista cuando vuelve a trazar la ruta de su viaje migratorio. En el corazón de cada escultura hay un gong que se activa durante los baños de sonido; una experiencia de curación colectiva, ritual y meditativa creada por el artista.
Tripa Chuca es una referencia a un juego salvadoreño al que Maravilla jugaba durante su infancia y a lo largo de su ruta migratoria. La serie también está representada en una obra site-specific en el Henie Onstad, en la que Maravilla participa en el juego, con la colaboración de una persona indocumentada.
En su serie "Bordados", Maravilla condensa los elementos temáticos de sus dibujos para simbolizar la resistencia contra la persecución y la presión política sobre los inmigrantes indocumentados.
La muestra también incluye retablos, pinturas "exvoto", como forma de arte popular tradicionalmente utilizada para expresar la gratitud por haber sobrevivido a acontecimientos peligrosos. Maravilla celebra la nueva oportunidad de vida que le es dada y que le permite seguir siendo artista y sanador.
La exposición y las adquisiciones forman parte del Programa del Premio de Arte Lise Wilhelmsen 2021, que otorga un premio de 100.000 dólares a un artista distinguido, cuya obra inspire y motive a las generaciones futuras a la participación activa y la responsabilidad social. Se presenta cada dos años y pretende marcar un hito significativo en la carrera de un artista. Guadalupe Maravilla es el segundo artista que recibe el premio, que se inauguró en 2019, con la nigeriana Otobong Nkanga como primera galardonada.