Obituario13 de febrero de 2008

Gregorio Vardánega

Gregorio Vardánega fue uno de los artistas emergentes en el arte argentino de la década del 40, como integrante de la Asociación Arte Concreto Invención. Nacido cerca de Venecia en 1923, estuvo radicado en Buenos Aires desde 1926 y allí hizo sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Su participación a partir de 1946 en el grupo en el que trabajaban figuras tan brillantes como Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Manuel Espinosa, Juan Melé, Ennio Iommi, entre otros, lo identificó con una línea operativa marcada por el rigor de la concepción y la calidad de la praxis. Un viaje realizado a Europa (1948-49) le permitió entrar en contacto con artistas como Max Bill, Vantongerloo, Pevsner. A su regreso a Buenos Aires, integró la ANFA, grupo de Artistas No Figurativos de la Argentina, y fue uno de los representantes de Argentina en la Bienal de São Paulo de 1957, y al año siguiente, en la Exposición Internacional de Bruselas donde se hizo acreedor a una medalla de oro. Desde un principio eligió un camino peculiar. En 1946, ya presentó la maqueta para colocar en un inmueble, un proyecto de acuario cuya agua se coloreaba alternativamente con variaciones constantes. Además de pinturas de gran sutileza compositiva, hizo en esa época otras investigaciones sobre la utilización de planchas de vidrio o plexiglás e hizo estructuras espaciales con hemiesferas de yeso con hilos tendidos sobre la parte cóncava, siguiendo un ordenamiento regido por la sección de oro, para establecer planos virtuales. Consideraba a la esfera, al círculo, al óvalo, a la espiral, conectados con los movimientos cósmicos. Así fue que, en otro trabajo, Principio cósmico, utilizó pequeños puntos en el espacio determinando espirales, ya verticales, ya horizontales, que pueden ser observadas desde distintos puntos de vista. Ese interés por el desplazamiento perspectivo del espectador, sumado a los de la multiplicación del espacio por la superposición de placas transparentes, lo llevaron a pasar del movimiento ilusorio al movimiento real. Fue así que realizó complejos montajes en acero cromado y plexiglás, movidos por circuitos electrónicos que, a su vez, desencadenaban efectos luminosos. Vardánega consideraba que el color transparente, el espacio-color, la luz sonora, la refracción y la reflexión de la luz, así como su transmisión a través de productos sólidos, líquidos y gaseosos son elementos de riqueza inagotable para la investigación estética. De gran inventiva, supo utilizar tanto el movimiento natural como el aleatorio y el programado. Ha hecho Espacios polychromes que son verdaderos relieves cinetico-cromáticos; Torres cromocinéticas, con espectáculos luminosos programados en distintos niveles. La sincronización de luz y sonido, uno de los aspectos de su trabajo, lo llevó a hacer proyectos para la animación de fachadas en conjuntos arquitectónicos o espectáculos en parques públicos. Ha realizado estructuras cromocineticas de gran envergadura, no sólo por su dimensión sino por la complejidad de los recursos técnicos y visuales puestos en juego, para varios centros comerciales franceses en Creteil, Montpellier, Thiais, Noisy le Grand, y en París, el Mur cinetique, para la Banque Rothschild. Radicado definitivamente en París a partir de 1959, encontró en Marta Boto a la artista que podía identificarse con sus proyectos y compartir el primer plano que ellos ocuparon dentro del lumino-cinetismo.
Gregorio Vardánega | artnexus