La reconocida galería Ruth Benzacar cumple 50 años en 2015, e inauguró un magnífico espacio arquitectónico de grandes dimensiones –diseñado por el arquitecto Nicolás Fernández Sanz– con una muestra de Liliana Porter; la artista que estaba exhibiendo en la sede de Plaza San Martín cuando murió la inolvidable Ruth Benzacar, en mayo del año 2000. Aquí, las oficinas balconean –sin ser vistas– sobre la sala central de exhibiciones, iluminadas por la luz natural de una gran claraboya. La galería suma un kiosco (sí, como los de diarios de las calles de Buenos Aires) de publicaciones del proyecto editorial internacional Tijuana, que edita libros de artista, como objetos de arte, además de entrepisos, salitas, depósitos. Sinónimo de la mejor producción argentina actual, galería Ruth Benzacar comprendió tempranamente que el vínculo con el exterior es imprescindible también para sustentar el frágil edificio comercial del arte actual en Argentina; ya Ruth constató el curioso y paradójico contexto cultural argentino, que produce mejores artistas que coleccionistas. Los comienzos de la galería fueron azarosos, y con la economía familiar desequilibrada, Ruth se encontró ponderando la decisión de vender algunas obras de arte argentino que había comenzado a coleccionar con su marido. Luego, se lanzó a una aventura sin final. Con la presentación de un solo cuadro y decenas de amigos y buenos conocidos, inauguró su inusual gestión en 1965 en su casa particular. Pronto supo que lo suyo no era vender lo propio, sino incorporarse a una negocio en donde tenía todo por aprender. Tras los primeros años de trabajo, durante los cuales se dio cuenta a dónde se había metido, Ruth soñó un papel para sí, se armó un programa y luchó por cumplirlo. Luego de haber utilizado su segundo domicilio en Recoleta como un lugar de exhibición silencioso –y no sólo porque el consorcio no lo veía con buenos ojos, sino porque eran los días de mayor represión de la última dictadura militar–, apenas pudo, buscó y encontró un inversionista y abrió su galería homónima. Era 1983 soplaban los aires de la transición hacia la democracia, cuando inauguró el espacioso subsuelo de Florida, debajo de la Plaza San Martín. Benzacar batalló intensa y pacientemente por sus artistas en subastas y foros internacionales; argumentó en favor del arte de Argentina, con una determinación y un estilo poco comunes. Los marchands saben que, mal que les pese, no están en el mercado para satisfacer una necesidad básica. El espacio de exhibición, ahora en el barrio de Villa Crespo, es punto obligado para visitar y conocer el panorama local de las artes visuales, incluso para los extranjeros. En un país acostumbrado a las interrupciones, es bueno saber que la galería Ruth Benzacar quedó con su estructura intacta, con su hija Orly Benzacar y su nieta Mora Bacal al frente, quienes dirigen la galería con la misma visión, pero con distinta estrategia. Con estilo diferente pero igual pasión, las directoras hoy continúan y renuevan la obra comenzada por la legendaria Ruth Benzacar; saben que el prestigio de la galería se halla ligado al de sus artistas, que, como Leandro Erlich, Jorge Macchi, Adrián Villar Rojas, Eduardo Basualdo, son continuamente convocados a participar en encuentros y bienales de gran visibilidad internacional. ...