Obituario21 de septiembre de 2018

Felipe Herrera

El 23 de agosto murió en Caracas Felipe Herrera, creador cuya trayectoria expresó recurrentemente el fondo emocional de la experiencia humana, a través de figuraciones que se hicieron inconfundibles dentro del panorama plástico venezolano de la segunda mitad del siglo XX. Nació en Valencia, capital del estado Carabobo, en 1947. De 1962 a 1967 estudió Arte Puro en la Escuela Cristóbal Rojas de Caracas. Por esos años tomó la escultura como medio expresivo, que, a través del modelado, nunca abandonaría totalmente. Fue un lector infatigable, que mantuvo relaciones consecuentes con grupos culturales y literarios, poetas e intelectuales. La literatura fantástica, la poesía –sobre todo la del francés Jacques Prévert y la del poeta venezolano Eugenio Montejo– y una observación intensa de la naturaleza y de la realidad circundante atizaron su innata aprehensión de la dimensión lírica de la existencia. Aunque tuvo un corto período alejado de la práctica artística para dedicarse a la docencia y al activismo político, a finales de la década de 1970, y coincidiendo con el llamado boom del dibujo venezolano, Herrera comenzó a vincularse con esta modalidad, en la que desarrollaría una técnica depurada y una iconografía muy personal. Con los años, sus aportes al dibujo serían tan decisivos que lo sitúan hoy como un maestro de esta disciplina en el continente. La calidad y complejidad dibujísticas de Felipe Herrera fueron ampliamente reconocidas por la crítica y el público a partir de la década de los ochenta, cuando obtiene los primeros premios en el Salón de la Nueva Naturaleza (Museo de Barquisimeto, 1981), la I Bienal del Dibujo de Fundarte (Galería de Arte Nacional, Caracas, 1982) y el IX Salón de Arte Aragua (Museo de Arte de Maracay, 1984). También se hizo merecedor por ese entonces de los premios de adquisición del Salón de Jóvenes Artistas de 1981 y de la III Bienal Nacional de Artes Visuales, ambos presentados en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. En los noventa emprende la realización de ensamblajes, en los que integra su amor por la figura tridimensional, su interés por la creación de espacios complejos y su gusto por la yuxtaposición de símbolos a la manera de los surrealistas. Como en sus dibujos, estos ensamblajes actualizaron un vocabulario de signos recurrentes, en los que se pueden entrever las atmósferas oníricas de Max Ernst y Salvador Dalí, el encanto de los espacios contradictorios de Escher y la ética compasiva de Kiefer, artista ante cuyo encuentro Herrera reafirmó su búsqueda del sentido humanista del arte. En los últimos años su trayectoria fue reconocida con el Primer Premio de la Bienal Arturo Michelena (Valencia, 2010); el Premio Armando Reverón, entregado por la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos en 2012, y el Premio Especial de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, Capítulo Venezuela, en 2017. Junto con la exposición "Inexorables", organizada en 2016 por el Ateneo de Caracas, estas distinciones saldaron en cierto modo la ausencia de una revisión crítica y retrospectiva de su obra independiente, solitaria y de hondo talante poético.
Felipe Herrera
Felipe Herrera | artnexus