La exposición “El tiempo es mudo” de Mario Merz, organizada por el Museo Reina Sofía, en colaboración con Fondazione Merz y comisariada por Manuel Borja-Villel, tiene lugar en el Palacio Velázquez hasta el 29 de marzo de 2020.
La retrospectiva sobre el trabajo de Mario Merz (Milán, Italia, 1925-Milán, Italia, 2003) examina la procedencia de un cuerpo de trabajo suspendido en una especie de tiempo prehistórico, ajeno al discurso de la historia de la era moderna. Esta perspectiva anacrónica, evidente en la elección de materiales y la iconografía, se deriva de la postura ideológica y comprometida de un artista en relación con el contexto político e intelectual italiano de los años sesenta y setenta del siglo XX, así como de su rechazo al capitalismo generalizado y al estilo de vida estadounidense de posguerra.
La práctica de Merz, vinculada al arte povera, incorpora varios de los rasgos fundamentales que su coetáneo y crítico de arte Germano Celant identificó con este movimiento: además de su oposición a la sociedad posindustrial de consumo, encontramos un uso consciente de materiales orgánicos como arcilla, ramas, cera y carbón. De su aplicación se derivan algunas de las asociaciones recurrentes en el imaginario premoderno del artista, por ejemplo, el fuego, los rayos y las flechas; figuras con significados míticos y geológicos como el iglú, la mesa, la espiral, el río; o animales ancestrales como el rinoceronte y el cocodrilo. Estos motivos, junto con la idea del nómada, atraviesan la poética del artista, reivindicando estilos de vida en consonancia con la naturaleza que resisten los esquemas depredadores de la modernidad capitalista. Por lo tanto, la búsqueda de la mitología distinguió el trabajo de Merz de sus contemporáneos afines, pues su arcaísmo no guardaba relación con un anhelo melancólico por el pasado, sino que estaba relacionado con una crítica aguda de la modernidad industrial y consumista.