Nota de Arte12 de marzo de 2014

Ética-Estética-Política. GBG ARTSseptiembre-noviembre 2013

Se presentó en la Galería GBG Arts de Caracas la exposición colectiva Ética-Estética-Política, curada por María Elena Ramos. Un recorrido a través de las obras de los diecinueve artistas latinoamericanos presentes en la muestra, nos confirma lo anticipado desde el título mismo de la exposición: la fuerte interrelación, el compromiso cada vez más indisoluble de las manifestaciones artísticas de nuestros días, de nuestras latitudes, de cuestionar, problematizar las relaciones del individuo con el poder, con su sociedad. Videos, instalaciones, performances, pinturas, fotografías, medios todos tan heterogéneos como las propias propuestas exhibidas, como la propia contemporaneidad, son los vehículos elegidos para establecer un diálogo con el espectador y confrontarlo con el dolor, el asombro, la ironía de cuerpos físicos y sociales –rastros de palabras y memorias– que dan cuenta de la violencia, del deterioro, de la impotencia y la rabia, de la supervivencia y del olvido. El recorrido se inicia en un pequeño cuarto destinado a mostrar tres piezas de la artista guatemalteca Regina José Galindo, Paisaje, Piedra y Alud, registros en video de acciones en las que su cuerpo –desnudo, vulnerable, sometido al castigo y a la tortura– es el medio en el que se hace acto la denuncia de la desigualdad y la violencia de género en su país, acaso la de cualquier país de nuestro continente. La anatomía humana es preocupación en la obra de Sandro Pequeno, anatomía alterada, a mitad camino entre hombre y máquina, ensamblada con partes de juguetes infantiles, que suscita preguntas en torno a los límites de la alteración biológica artificial. Los fluidos internos son parte de un cuerpo doliente en el performance de Érika Ordosgoitti: un recitar continuo de vivencias urbanas mientras su propia sangre, se derrama lentamente sobre su cabeza, tiñendo su rostro y sus ropas. La sangre y la laceración del cuerpo son la extrapolación de aspectos visuales vinculados a la adicción a los narcóticos en la obra de Armando Ruíz, joven artista nacido en Barranquilla que vive y trabaja en Maracaibo. En Tú, yo, ellos, nosotros, una retícula de papeles blancos van develándose como el soporte de dibujos, de pinceladas de sangre, de las que emergen columnas de palabras troqueladas que se repiten: "sentenciar", "frustrar", "agravar". En los videos Métete Métete, Como una paleta y Cerebrito cerebrito, qué tiempitos, las acciones e imágenes figuradas aluden al deterioro del estado mental y a la alteración de la percepción producidas como consecuencia del consumo de drogas. En el pasillo que conecta el cuarto de los videos de Galindo con el resto de la sala, dos propuestas comparten un muro divisorio que les sirve de soporte: de un lado, Lo inconcebible simplemente existe, de Lihie Talmor; del otro, la instalación Puerta de cielo. Doce testimonios, de Rosa Virginia Urdaneta. En los grabados de Talmor, las fotografías de locaciones cercanas al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau generan una suerte de desplazamiento del recuerdo: imágenes que alejándose de las referencias visuales inmediatas ligadas al lugar, logran la suspensión de un horror que, en Lo inconcebible… yace escondido, pero siempre latente. La violencia se presenta también como latencia velada en la obra de Urdaneta, pequeñas piezas de papel colocadas sobr...
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