Este 2024, centenario del Primer Manifiesto Surrealista, escrito por André Breton en Francia, la figura de Elisa Bindhoff, tercera esposa de este último, adquiere una enorme relevancia al ser declarada el pasado 8 de febrero por el Centre Pompidou –a través de un estudio publicado en su sitio web– como la “otra arquitecta” del Muro del taller de la rue Fontaine, junto con el poeta francés. Su rol de coautora en una de las obras más emblemáticas del surrealismo –aquella pared convertida en gabinete de lo maravilloso gracias a ese convulsivo cruce de objetos que van desde máscaras tribales, cajas con mariposas disecadas, fósiles, piezas escultóricas correspondientes a Oceanía, África y al mundo precolombino, piedras, y hasta obras de Francis Picabia, Alberto Gironella y Joan Miró– la sitúa en un referente crucial del arte experimental y de vanguardia del siglo XX.
Elisa Bindhoff fue creadora de numerosos montajes objetuales, dibujos, y considerada “una presencia clave en el grupo parisino desde 1947 hasta 1969” por el surrealista y académico español José Miguel Pérez Corrales, autor del voluminoso libro Caleidoscopio surrealista. Una visión de surrealismo internacional (La Página Ediciones, Tenerife, con una primera edición en 2011 y una segunda y revisada en 2015), donde la chilena ocupa un lugar fundamental.
A esta noticia se añade la reciente inauguración de la exposición “Elisa, 100 años del surrealismo”, en el Palacio Vergara de Viña del Mar, bajo la curaduría de Ernesto Muñoz, importante historiador de Chile. La muestra presenta obras de una veintena de artistas como Karen Lüderitz, Verónica Aspillaga, Francisca Valenzuela, Filipa Eyzaguirre, Marcelo Kohn, Denise Blanchard, Francisca Garriga. Asimismo, surrealistas contemporáneos como Magda Benavente, Aldo Alcota, Verónica Cabanillas, Roberto Yáñez, René Ortega, Carlos Delgado y José Duarte.
La exposición estará abierta al público hasta el próximo 16 de junio y cuenta con material bibliográfico y visual relacionado con Elisa Bindhoff, la actualidad surreal, ligados a las revistas Derrame y Honidi, más el sustancial legado de las aventuras vanguardistas del pasado siglo en Chile. Un retrato fotográfico de Sara Malvar, artista cosmopolita, crítica de arte y colaboradora del vate Vicente Huidobro, integrante del Grupo Montparnasse y traductora al castellano –por primera vez en toda Hispanoamérica– del Primer Manifiesto Surrealista, de Breton, en la sección Notas de Arte del periódico La Nación, y un ejemplar de la revista Mandrágora, gentileza del coleccionista Guillermo García, quien para esta ocasión facilitó obras de los poetas mandragóricos Jorge Cáceres y Braulio Arenas, que fueron parte del acervo parisino de Breton y Elisa, de Haroldo Donoso y Víctor Brauner, y los famosos mirages de Susana Wald y Ludwig Zeller.