Del 5 de junio al 29 de julio, el Centre Pompidou presenta la retrospectiva más grande que se haya dedicado a Dora Maar (1907-1997) en Francia. Aunque fue una figura reconocida, Dora Maar sigue siendo una figura enigmática, con aspectos cruciales de su carrera como fotógrafa profesional surrealista durante la década de 1930, y luego como pintora a la espera de ser descubierta. La exposición muestra cómo se fue formando y perfeccionando su obra con el fin de reposicionarla como quien estaba en su derecho de ser: una artista, antes que enaltecerla como modelo o musa, roles a los que fue relegada por la historia como resultado de su relación íntima con Pablo Picasso. Con casi 500 obras y documentos provenientes de 90 préstamos externos, y de lo que se sacó de la investigación de los archivos de Dora Maar que se encuentran en el Musée National d'Art Moderne y otras instituciones, esta exposición determinante vuelve a trazar la fascinante carrera de una parisina intelectual e independiente: desde que inauguró su taller y trabajó en sus primeras comisiones de moda hasta su aproximación a los asuntos sociales y políticos que le preocupaban, mediante sus fotografías urbanas, pasando por el ejercicio de una mirada surrealista y tras haber conocido a Picasso en la cúspide de su creación del Guernica, para luego redescubrir la pintura ya entrada en años y regresar al medio artístico que la cautivó desde el principio. Henriette Théodora Markovitch, conocida como Dora Maar, provenía de una familia burguesa y pasó toda su infancia en Argentina, donde su padre se desempeñaba como arquitecto. Al escoger su profesión de fotógrafa, Dora Maar se vinculó a una generación de mujeres cuyas ambiciones artísticas las empoderaban e impulsaban sus carreras, en una época en la que el mercado de la prensa ilustrada y la publicidad se desarrollaban vertiginosamente. Junto con Man Ray y Hans Bellmer, Dora Maar fue una de la pocas fotógrafas cuya obra apareció en las más importantes exposiciones surrealistas, como la Exposición Internacional Surrealista que se llevó a cabo en New Burlington Galleries de Londres y L'Exposition d'objets surréalistes, en la Galerie Charles Ratton de París, ambas realizadas en 1936. Sus obras más expuestas de ese período –Retrato de Ubu y El simulador (también de 1936)– se han convertido desde entonces en sus más icónicas fotografías. La cercana relación que tuvo con Picasso le dio la oportunidad de documentar la creación de la obra maestra Guernica, durante la primavera de 1937. Mediante una serie de fotografías en las que muestra el lienzo en varias fases antes de su culminación, logró una mirada interna sin precedentes al proceso creativo del pintor. Una fascinación mutua entre Picasso y Dora Maar generó un diálogo romántico y artístico que duró diez años y eventualmente motivó a Dora Maar a reinventar su carrera profesional.