Un artículo de Arthur Lobow recién publicado en el New York Times no sólo revela una fascinante y detallada introspección sobre el mundo de la reconocida artista Louise Bourgeois, quien falleció recientemente, sino que también confirma la noticia de que este verano su casa en Chelsea estará abierta al público. The Easton Foundation, una organización sin ánimo de lucro fundada por Bourgeois en la década de 1980, y actualmente dirigida por su asistente y amigo de 30 años, Jerry Gorovoy, ha permitido abrir la casa a pequeños grupos relacionados con el arte, y durante este verano será accesible al público, que tendrá la oportunidad de tomar los recorridos organizados por el sitio web de la fundación, theeastonfoundation.org. Los dos hijos que le sobrevivieron, Jean-Louis y Alain, también son miembros de la Junta Directiva de la fundación. Poco después de su muerte, a los 98 años de edad, Bourgeois adquirió la casa adyacente a su vecindad, que fue propiedad del diseñador de disfraces William Ivey Long. Ahora funciona como una pequeña galería, donde se expone su obra, con habitaciones temporales para los académicos que visitan el lugar, y cuenta además con una biblioteca y un archivo. Lobow describe la casa así: "Cinco años después de su muerte [la casa] aún se siente habitada por la mujer que la llamó hogar. Hay vestidos y abrigos colgados en el clóset. Revistas y periódicos llenan los estantes de libros, en los que se despliegan todas las cosas que le interesaban a la artista, incluidos La alegría de cocinar y los Nueve cuentos del Bhagavad Gita y J. D. Salinger. En la intensa atmósfera de este lugar, de un deterioro bohemio, se siente como si en cualquier momento Bourgeois fuera a atravesar la puerta caminando […] La simple colcha de retazos es testigo de un cielorraso cavernoso de yeso. Una plancha con dos quemadores que hace las veces de estufa, y un antiguo televisor junto a una pequeña silla plegable de metal, dan aún más la impresión de un hogar que aún no está listo para tener compañía. 'Estoy usando la casa', le dijo a un visitante cuando tenía unos 70 años. 'La casa no me usa a mí'". Bourgeois y su marido, el historiador de arte Robert Goldwater, a quien conoció en su nativa París en agosto de 1938, y con quien se casó un mes después, compraron la casa en 1962 por menos de US$30.000. Ella se mudó con él a Nueva York, criaron a sus tres hijos. Al morir Goldwater, en 1973, Bourgeois le hizo una remodelación drástica a la casa1. En sus años como esposa y madre utilizó el sótano como taller para crear su obra. "Tiene [la casa] alma y corazón. La gente se conmueve bastante cuando viene […] Que el piso estuviera en buen estado, que la sostuviera a ella y a sus esculturas, era todo lo que le importaba", explica el señor Gorovoy. "No le interesaba la decoración ni que las cosas estuvieran bonitas". "Louise siempre se describió a sí misma como una mujer sin secretos", recalcó el señor Gorovoy. Lobow termina su artículo parafraseando a la artista: "Su vida fue una casa abierta". Nota 1. Arthur Lobow, "Una mirada al interior de la casa de Louise Bourgeois, tal y como la dejó", New York Times, enero 20 de 2016.