Nota de Arte15 de septiembre de 2010

Carlos Enríquez: Pintor de baladas

Años treinta del siglo XX: imagine a un hombre más bien bajo, delgado, de una nerviosidad que le hacía moverse constantemente. Pelo negro cubierto por un sombrero, calzando sandalias, vestido con una camisa al estilo de los campesinos rusos. Ojos negros de mirada ardiente, nariz grande y, debajo, el bigote encubridor de la expresión burlona en sus finos labios. Era la estampa de Carlos Enríquez (1900-1957), el controvertido artista al que el cubano-americano Juan A. Martínez ha dedicado su último libro, Carlos Enríquez. The Painter of Cuban Ballads, publicado este año bajo el sello Cernuda Arte, de Miami. En inglés, romancero significa "collection of old Spanish ballads". La balada es una composición poética, originaria del norte de Europa, en la que se refieren con sencillez y melancolía sucesos legendarios o tradicionales. También en la música de origen popular. El Romanticismo encontró en ella un modo expresivo en consonancia con sus gustos, pues refiere a composiciones vocales de carácter narrativo, e instrumentales, cuya forma no se sujeta a normas rigurosamente definidas. El doctor Martínez debió encontrar un paralelismo per se entre la balada como forma poética y musical y la obra del cubano, quien mitificó en abundante producción artística y literaria las narraciones que escuchó de niño, en su natal pueblo de Zulueta. Inspirado en el folclore y la historia de Cuba, sobre todo de las zonas rurales, Carlos creó caracteres arquetípicos. Pero no sólo ideó mitos vernáculos cubanos y caribeños, sino que se mitologizó él mismo. También Martínez debió inspirarse en el título de una de las series más famosas del artista: El romancero criollo. Murió enfermo, pobre y casi olvidado, en su estudio El hurón azul, en las afueras de La Habana. Dejó tras de sí un anecdotario fabuloso, donde se mezclan los hechos reales con los imaginarios; al punto de que su amigo Marcelo Pogolotti dijo: ¿En vida ya era una leyenda, ahora empieza su transformación en mito¿. Pero con el paso del tiempo y la aparición de otras generaciones de artistas, el pintor pasó a ser uno más. Precisamente ésta es una de las muchas cualidades del excelente libro de Juan Martínez. En él ha logrado, después de lo que se vislumbra como una acuciosa investigación, amén de una inteligente estructura, traer al presente a un Carlos Enríquez vívido, que parece nos tropezaremos por la calle, en un museo o en una galería, tambaleándose, borracho como siempre, y seduciendo a alguna mujer en la apertura de una exposición. Las historias que protagonizó, ignoradas por muchos, aun dentro del campo del arte, hicieron ver en algunos de sus críticos más certeros, una plena identificación entre la obra y el autor. Su imaginario pictórico y literario y él eran una misma cosa. Martínez encontró cartas, declaraciones de artista, polémicos artículos escritos por Enríquez, textos de catálogos, fotos, comentarios de sus contemporáneos, críticas, rastreó en museos y colecciones particulares siguiendo la pista de su obra. Con todo ello, más sus consideraciones personales como buen historiador de arte, experto en la etapa del modernismo en Cuba, logró un libro ya imprescindible para la cultura cubana. Se trata de un hermoso volumen de 320 páginas, con más de 300 ilustraciones, la mayoría de ellas en colores. Creo que semejante libro no existe sobre otro artista cubano, salvo, quizá, alguno dedicado a artistas radicados fuera de Cuba. Éste se une a la extensa bibliografía del profesor de Historia del Arte en la Universidad de Florida, como Art and National Identity: The Vanguardia Painters 1927-1950 (University Press of Florida, 1994); María Brito (Los Ángeles: UCLA Chicano Studies Research Press, 2009), Social and Political Commentary in Cuban Modernist Painting of 1930. The Social and the Real (The Pennsylvania State University Press, 2006), entre otros títulos. Precisamente, su conocimiento de los aspectos políticos y sociales en la pintura modernista cubana...
Carlos Enríquez: Pintor de baladas
Carlos Enríquez: Pintor de baladas | artnexus