Reseña de Libros6 de noviembre de 2023· Por Katherine Chacón

Arte latinoamericano: identidad y alteridad

Con el amplio conocimiento recabado en sus muchos años de estudio de la historia del arte, la cultura y la literatura latinoamericanos, Federica Palomero emprende en su más reciente libro, Arte latinoamericano: identidad y alteridad, la difícil tarea de indagar acerca de las interrogantes que sobre la identidad latinoamericana han sido propuestas históricamente en el pensamiento del continente. Haciendo un recorrido por las ideas sobre nuestra definición cultural, Palomero integra las discusiones que en el campo del arte –en movimientos, manifiestos, escritos y obras– se dieron en este sentido.
El libro parte de una cuestión fundamental: la idea de lo latinoamericano y la conciencia de una identidad propia, capítulo en el que la escritora va al origen del término “latinoamericano”, evidenciando la dificultad que nuestra cultura ofrece para ser nombrada. Se abordan aquí las discusiones sobre la lengua latinoamericana, la visión que de Latinoamérica han dado sus creadores desde el extranjero y la posición periférica de este territorio cultural respecto a la tradición occidental.
El capítulo siguiente trata sobre el arte colonial y sus especificidades respecto a las manifestaciones metropolitanas. Con claros ejemplos –como los ángeles arcabuceros o las vírgenes de manto triangular–, Palomero va describiendo el ámbito sincrético en el que una cultura derrotada logra pervivir a través del arte.
“Seres humanos” es el título del tercer y más amplio capítulo del libro. Aquí se hace un recorrido histórico-crítico por las representaciones del hombre latinoamericano, comenzando por las singulares pinturas de castas, en las que de modo idealizado se mostraban los cruces raciales producidos en el Nuevo Mundo. La autora dedica buena parte del capítulo al tema del indigenismo, describiendo los orígenes decimonónicos de la representación indígena dentro de la estética academicista, así como los ejemplos europeizantes producidos por los artistas viajeros, llegados al continente una vez culminadas las guerras de emancipación. El indigenismo como proyecto ideológico es tratado ampliamente a través del análisis de la revista Amauta y, en pintura, de artistas como José Sabogal. El muralismo mexicano es asimismo ampliamente analizado aquí. Se describe, además, la enorme influencia que ambos movimientos tuvieron en las artes visuales de todo el continente. Posteriormente, Palomero aborda la representación de los afroamericanos, partiendo de los trabajos del artista colonial puertorriqueño José Campeche. Destacan sus observaciones sobre la obra de Pedro Figari (Uruguay), Wifredo Lam (Cuba), y del movimiento Antropofagia, en Brasil, liderizado por Tarsila do Amaral y Emiliano Di Cavalcanti. Para culminar este capítulo, se analiza la representación de blancos y criollos desde los ejemplos coloniales hasta los artistas modernos más destacados del continente, entre los que cabe nombrar a Francisco Narváez.
Tras la finalización de las guerras de independencia y el nacimiento de las naciones, el canon académico toma preeminencia como estética oficial. El capítulo 4 de este libro trata de los diversos caminos tomados por los artistas decimonónicos en países como México, donde se emprendió una revisión del pasado prehispánico, o Venezuela, con el surgimiento de un ideal iconográfico que idealizaba la epopeya libertadora. El capítulo quinto hace una revisión del tema del paisaje del “nuevo continente”, tomando en cuenta el aporte de los artistas viajeros y, en especial, la presencia de Camille Pissarro en Venezuela. Asimismo, los textos sobre el puertorriqueño Francisco Oller, el Círculo de Bellas Artes venezolano y Armando Reverón merecen particular atención. En el capítulo final, Palomero hace un relato crítico de las vanguardias abstracto-geométricas en el continente, enfatizando las experiencias de sus dos polos neurálgicos: Argentina y Venezuela.
Tras esta muy bien fundamentada disertación, la escritora concluye: “queda y quedará pendiente una definición de la identidad […] Hemos estudiado unas maneras de ser latinoamericano tan variadas, tan contradictorias y al mismo tiempo complementarias, que […] preferimos hablar de identidades. Una salida fácil, demasiado fácil, sería afirmar que la diversidad es precisamente el sino de una identidad latinoamericana. Al mismo tiempo, dejamos constancia de que se trata de una entelequia. Por eso concluimos con Octavio Paz: ‘es difícil definir lo que somos, pero nuestras obras hablan por nosotros’”.
Federica Palomero posee una licenciatura y una maestría en Historia del Arte de la Universidad de Toulouse II-Le Mirail (Toulouse, Francia) y una maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar (Caracas, Venezuela). De 1985 a 2001 trabajó en el Museo de Bellas Artes de Caracas, donde ocupó la Jefatura de la Curaduría de Arte Latinoamericano y la Jefatura de las curadurías de pintura y escultura. De 2010 a 2014 fue directora ejecutiva del Museo Sefardí de Caracas Morris E. Curiel. Ha ejercido la docencia en la Universidad José María Vargas, en el Instituto Universitario de Artes Plásticas Armando Reverón, en la Universidad Metropolitana y en la Universidad Central de Venezuela.
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