En 2023 (en enero, en Madrid, y en diciembre, en Caracas) se presentó la publicación Arte contemporáneo en Venezuela. Vol. 2 como continuación del volumen 1 que la misma casa editora publicó en 2006. En cada una de estas publicaciones se seleccionaron veintisiete artistas de dos períodos cercanos a la actualidad, quedando, así, como representación de “lo contemporáneo”, y, según palabras de Villanueva, “algunos de los principales protagonistas de la más reciente generación de artistas emergentes”.
Cualquier trazado historiográfico de las prácticas artísticas en Venezuela que se haga en los años posteriores a la primera década del 2000, y más desde una iniciativa privada, tiene que asumir un lugar de enunciación marcado por el rebasamiento. Sin un sistema de museos capaz de echar a andar el complejo engranaje de la construcción de sentido (que se inicia en las adquisiciones curadas y continúa con los sistemas de recepción, preservación y activación en exposiciones), el registro documental sistemático de las generaciones de artistas que se inscriben en “lo contemporáneo” en Venezuela carece de los asentamientos propios de “lo nacional”. Esta es una circunstancia reconocida por los editores, quienes, desde sus roles particulares de promoción e investigación, asumen una tensión inevitable entre darle continuidad a la historiografía del arte desde ese rebasamiento de la iniciativa privada y la suspensión de la responsabilidad historiográfica de los museos del Estado nacional.
Esta tensión asumida hace que Arte contemporáneo en Venezuela. Vol. 2 se enmarque en una serie de ensayos críticos que dan cuenta, no solo de las dificultades para esta tarea historiográfica, sino de la simultánea necesidad de registrar la vitalidad –y la marginalidad– de las prácticas visuales del país. Esto último es subrayado, además, por un apartado interesante de la publicación bajo el título “Instituciones y proyectos de arte en Venezuela”, que destaca el rol de los espacios de iniciativa privada y evidencia el peso actual de los lugares que ocupa el Estado.
Algunos de los ensayos fueron escritos desde fuera y otros desde dentro, reflejando con ello la condición extendida que tienen tanto las prácticas artísticas como la reflexiones que las acompañan, dada la condición extraterritorial de una gran parte de la población nacional. La curadora e investigadora Cecilia Fajardo-Hill da cuenta, desde ese afuera, de lo difícil que resulta hacerse una idea global o panorámica sobre las prácticas artísticas contemporáneas en Venezuela, prefiriendo hablar de lo fragmentario –“provisional, inestable, no lineal e imprevisible”– como imagen que arroja el conjunto de artistas y obras reunidos en esta publicación. Es un ensayo que prologa el libro de modo más bien breve, pero con interesantes postulados surgidos del diálogo con la investigadora Ruth Auerbach, residenciada en Venezuela.
El siguiente texto está firmado por los tres editores y da cuenta de los criterios que orientaron la selección de los artistas –y sus inscripciones en esta cartografía que junta “la historia” con “lo contemporáneo” y “Venezuela”–, indicando que “este nuevo volumen ha sido concebido para incorporar en la historiografía del arte venezolano algunos de los nuevos nombres… que a juicio de un grupo de expertos debe ser considerado entre los más relevantes”. Los editores se anticiparon a la polémica que implicaría intentar una historiografía frente a la ausencia institucional de carácter nacional, por lo que dedican estas líneas a aclarar lo más posible, de modo honesto, los criterios que orientaron esta difícil tarea. Les pareció importante entrelazar la selección del volumen 2 con la que había quedado en el volumen 1, y consultaron con investigadores que consideraron conectados con las prácticas artísticas contemporáneas y emergentes del período elegido, a través de la elaboración de una lista por investigador y la revisión de las coincidencias. Así mismo, asumieron plenamente reflejar la condición deslocalizada de la identidad de la práctica artística venezolana. La estructura de contenidos del libro anunciada en este ensayo/presentación de los editores cuenta, además, de los ensayos críticos, con el ordenamiento alfabético de cada artista en dos doble páginas, acompañado de una breve reseña escrita por un investigador cercano al creador, así como el fichaje técnico de las imágenes de las obras desplegadas generosamente en dos doble páginas, bajo la maestría tipográfica y de producción visual del Estudio de diseño VACA (Gabriela Fontanillas y Álvaro Sotillo), situado en Caracas, y sumado a la impecable impresión y encuadernación de Syl L’art Grafic, en Barcelona.
Otros dos ensayos entran en este asumido juego de tensiones y fragilidades del diverso, dinámico y difuso arte actual de Venezuela: uno de Ruth Auerbach, que intenta un “itinerario por algunas de las circunstancias más relevantes que han condicionado la escena artística del país”, para tratar de llevar a cabo una ampliación de la producción artística durante el período político llamado “revolución”; el segundo ensayo lo escribe Fabiola Arroyo desde Lima, y lo dedica a hablar de la diáspora de artistas, gestores y curadores venezolanos como un rasgo que, en buena medida, define o marca este período registrado en Arte contemporáneo en Venezuela. Vol. 2.