Rafael Lozano-Hemmer es internacionalmente uno de los artistas que más aporta en la intersección de diversas disciplinas. Nació en México, estudio Químico-Física en Canadá, donde se nacionalizó hace un tiempo. Este autor viene realizando proyectos digitales públicos muy originales y fuertes, sobre todo, con luz y sonido. En esta experiencia interactiva en el corazón de Manhattan, Rafael Lozano-Hemmer usó esta arquitectura urbana para crear un paso peatonal en una construcción que existe desde hace casi doscientos años. El tunel en la avenida Park, entre las calles 33 y 40, en el lado este de la ciudad, se abrió por primera vez al público peatonal en esta ocasión. El túnel se construyó en 1834 en relación a la creación de la Terminal de trenes Grand Central y si bien tuvo algunas modificaciones, es una de las zonas más estables y emblemáticas de Nueva York que ha aparecido en muchas películas célebres. Quienes como espectadores han entrado al Tunel en un auto o desde una butaca cinematográfica, tuvieron la oportunidad de levantarse muy temprano para hacer la enorme cola en sábado y en domingo, tratando de experimentar lo que Lozano-Hemmer configuró. Arquitectura Relacional 21 es el título de la instalación en el Tunel de la avenida Park. Iluminación y audio constituyeron los elementos básicos de Lozano-Hemmer, quien con 150 parlantes y 300 spots teatrales iluminó todo el tunel y activó el proyecto. Ambos medios estaban conectados a un intercomunicador con un programa de intensidades –a voz más fuerte, la luz se tornaba más intensa, y conectando una especie de sistema Morse de titilancia de la luz. La llegada de nuevos participantes-paseantes iba modificando el sonido. Cada parlante y lámpara estaban juntos, con una distancia de siete metros entre cada uno de estos pares. El sonido sólo surgía en cada parlante por lo que no había una resonancia general confusa sino pautada, espaciada e individualizada.
A medida que ingresaban los que llegaban, la grabación desalojaba las grabaciones de los anteriores paseantes. El cambio constante de la instalación manifiesta los conceptos de lo efímero de la existencia y el reciclaje de la vida en nuevas generaciones, tanto a través de la voz o de los automóviles que pasan siempre raudamente y desaparecen. Por más que ese fuera el recorrido diario de una persona, su pasaje por el tunel siempre ha sido de apenas un par de minutos –variando eso con la fluidez del tránsito. Otra situación sintomáticas es la experiencia de sentir el cuerpo en el tunel dado que la gente siempre pasa por ahí encapsulada
en vehículos. Esta desobediencia civil autorizada constituyó una de las numerosas actividades públicas que cada verano ofrece Nueva York. Esta fue sin duda una de las que dejaron al espectador con la reflexión de que duró demasiado poco tiempo.