Hace un año la Galería Mundo organizó una exposición colectiva titulada Historias íntimas, entre los artistas participantes, en su mayoría mujeres pintoras, se encontraba la video-instalación de Ana María Salas, Reflejos. El vídeo, de 30 minutos de duración, hace parte de un diario íntimo que ha dado lugar a su primera película, Frente al espejo, diario 2002 ¿ 2005. El estreno de su opera prima se realizó el 21 de noviembre en Francia en el Festival Internacional de Documental Estudiantil, Commune Image, Saint-Ouen, Francia, posteriormente en Colombia en el Festival de Cine y Video de Santafé de Antioquia. También se hizo una proyección organizada por el colectivo El perro que ladra en La Fémis, París y se está organizando este año, su estreno en Bogotá. El diario íntimo tiene una larga historia asociada a la escritura. Doris Lessing en su Cuaderno dorado, voluminoso libro que le valió el premio Nobel, aborda con profundidad el tema de la escritura de un diario íntimo. Diarios de escritoras como Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Anaïs Nin y Alejandra Pizarnik, por mencionar algunos, han sido publicados, entre otras consideraciones, por su valor literario. Llevar un diario con una cámara de vídeo es un hecho, hasta ahora, un tanto inusual, y es un gesto audaz querer convertirlo en una película. ¿La decisión de hacer un vídeo ¿ dijo Salas- implicó preguntarme por su especificidad con respecto de los diarios escritos (que escribo regularmente desde mi infancia). Desde el principio asumí esta práctica como una exploración constante del lenguaje audiovisual, con la cual busco expresar el sentimiento, la sensación particular, el estado de ánimo en el cual me encuentro en el momento en que grabo, con la imagen, el sonido directo, los movimientos de cámara, lo que se ve y lo que no se ve en la imagen. Siempre he querido evitar la palabra, el lenguaje hablado.¿ La captación de sus estados anímicos se logra con recursos y en tiempos diversos. Para ello basta que la cámara registre un golpe de luz sobre un muro; en otra ocasión es suficiente la toma de unas hermosas rosas, mientras suenan los acordes de un tango de Gardel; también basta un destello de luz que deja ver sobre el espejo el acto de grabarse con la cámara, y en otro momento sólo aparece una breve toma en penumbra con el sonido de una canción. Otras secuencias son más extensas, por ejemplo cuando conversa con su madre acerca de sus proyectos y sus anhelos de vida; o cuando con la cámara parece acariciar objetos cotidianos y finalmente se detiene en una ventana, captura un cielo muy azul con nubes de color rosa, enfoca un cachito de luna y en ese preciso momento pasa un avión. La cámara queda adherida al cielo y el avión desparece, solo queda la luna y luego un corte. Tanto en los episodios muy breves como los más largos, se captura un momento afectivo, un momento de profunda intimidad. La diferencia entre Reflejos y la película, va más allá de la duración. La primera me hace pensar en las pinturas impresionistas, pinceladas sueltas que arman una totalidad, golpes de luz sobre los objetos, fragmentos de intimidad que conforman un diario. En la versión larga, con esos mismos fragmentos se traza una historia, hay una edición más cuidadosa que deja ver a una mujer que evoluciona. Esas tomas fragmentarias se unen a través de la mirada y de la experiencia adquirida durante la realización de la película. Es un diario que se devuelve sobre sí mismo, una especie de auto-reflexión. Y al espectador, como le sucede a la autora, esta historia lo pone en contacto con su propia intimidad.