El artista cubano Agustín Fernández (1928-2006) fue un maestro moderno que incorporó un lenguaje visual no dualista de figuración y abstracción. Yuxtaponiendo imágenes anatómicas con un colorido tenue, Fernández es un artista difícil de situar dentro del canon cubano impregnado de color. Sus formas ambiguas evocan la carne y el eros, representados a través de una paleta monocromática. La obra de Fernández explora temas como el exilio, la separación y el abandono, al tiempo que resuena con el movimiento modernista más amplio.
La exposición retrospectiva “Agustín Fernández: El seductor poder de la ambigüedad” recorre la trayectoria de Fernández desde Cuba hasta la ciudad de Nueva York, con más de 65 obras de arte, entre pinturas a gran escala, dibujos, collages y carpetas, junto con un libro inédito de memorias personales. Comisariada por Elizabeth T. Goizueta, con la colaboración de Gabriela Goizueta, la exposición toma como referencia la muestra “Agustín Fernández: una retrospectiva”, realizada en el Frost Art Museum, en 1992, y se nutre de los amplios fondos que tiene el museo de la obra del artista. También forman parte obras procedentes del patrimonio de Agustín Fernández y de coleccionistas privados, muchas de las cuales nunca han sido expuestas, y constituyen la base de este examen en profundidad.
La obra de Fernández refleja un amplio abanico de influencias, desde el surrealismo al postminimalismo, pasando por la cultura punk de Nueva York. Formado en la preeminente academia de arte de La Habana, San Alejandro, Fernández dejó la capital cubana por París en 1959, donde absorbió los principios del surrealismo. Sus posteriores traslados a San Juan de Puerto Rico y Nueva York revelan cómo estos lugares conformaron sus exploraciones estéticas y metafísicas.
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