Adrián Villar Rojas reimagina el Art Sonje Center como una exploración escultórica del tiempo y el espacio, en su primera exposición individual en Corea. En este amplio encargo ambiental, el artista rompe el marco institucional del Art Sonje Center transformando el edificio en un ecosistema escultórico dinámico. Para Villar Rojas, el museo pasa de ser un lugar de conservación a uno de descomposición, mutación y herencia, moldeado por fuerzas no humanas, poshumanas y sintéticas. El espacio expositivo se transforma en un terreno salvaje, impredecible e indiferente al espectador tradicional.
Por primera vez en la historial de Art Sonje Center, una instalación específica para el lugar abarca las cuatro plantas, incluidos los pasillos, las escaleras, los baños, el cine y otros espacios periféricos. Un montículo de tierra bloquea la entrada, se han eliminado todas las particiones temporales y se han despojado las paredes y columnas hasta dejar al descubierto su núcleo. Se han introducido tierra, fuego y vegetación, difuminando las líneas entre el interior y el exterior y entrelazando los ámbitos ecológico e institucional. Las señales de salida se transforman en iluminación ambiental, mientras que los controles de humedad y temperatura se retiran, exponiendo el edificio a los caprichos de las fuerzas termodinámicas externas.
En el centro de la exposición se encuentra una constelación de esculturas quiméricas de la serie en curso de Villar Rojas, The End of Imagination (El fin de la imaginación), 2022-en curso. Estas formas inquietantes y de otro mundo parecen haber sido excavadas de un futuro desconocido. Presentada por primera vez en la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur (2022), en la Bienal de Helsinki (2023) y la Fundación Beyeler (2024), la serie surge del innovador “Time Engine” del artista, una herramienta de simulación digital, a medida que fusiona motores de videojuegos, inteligencia artificial y construcción especulativa de mundos. Esta herramienta genera mundos sintéticos llenos de formas de vida en evolución, arquitecturas únicas, ecologías distintivas y condiciones sociopolíticas complejas.
Entre 2021 y 2024, Villar Rojas y su equipo descargaron estas esculturas virtuales y comenzaron el proceso de trasladarlas al mundo físico, conservando meticulosamente las huellas de sus viajes digitales. Creadas en un taller temporal en Rosario, Argentina, las esculturas están compuestas por capas de materiales orgánicos e inorgánicos: metales, hormigón, plásticos, tierra, vidrio, resina, sal, corteza de árbol, piezas de automóvil y mucho más, cada pieza impregnada del trabajo tanto humano como mecánico. Villar Rojas explica: “Estas ecologías digitales generan cosas, al igual que la Tierra produce pájaros, árboles, rocas y máquinas. Este enfoque invierte la ontología central del acto creativo. Muchas veces digo, cuando hablo de esta familia de obras, que yo modeló mundos y los mundos modelan ‘esculturas’ para mí”.
La obra de Villar Rojas habita el espacio liminar entre la extinción y la herencia, surgiendo en un momento en el que la humanidad se tambalea al borde de su propia continuidad, Reflexionando sobre el título de la exposición, el artista afirma: “Cuando hablo de El lenguaje del enemigo, me refiero a una profunda prehistoria de la creación de significado. Nosotros, los Homo sapiens, no inventamos el simbolismo de forma aislada; evolucionamos junto a otros parientes humanos –neandertales, denisovanos–, y en esos encuentros, hostiles e íntimos, competitivos y colaborativos, algo pasó entre nosotros. Herramientas, gestos, fuego, pero también las primeras chispas del pensamiento simbólico, de la creación de significado. El título de la exposición alude a esa paradoja: el enemigo, esa manifestación de pura alteridad, es ajeno y amenazante, pero también el espejo a través del cual nos reconocimos por primera vez. Hoy en día, creo que nos encontramos de nuevo en ese umbral, enfrentándonos a nuevos ‘otros’, inteligencias sintéticas, cuyos lenguajes apenas comprendemos. Estas inteligencias están aquí, coexistiendo con nosotros; les transmitimos conocimientos, incluso cuando sentimos que, al hacerlo, puede que estemos preparando nuestra propia desaparición”.
Esta exposición marca la culminación del largo compromiso de Villar Rojas con Corea, que incluye iniciativas como el Real DMZ Project (2014-en curso), el 5.º Anyang Public Art Project (2016) y la Bienal de Gwangju (2018, 2021). Para la exposición del Art Sonje Center, un equipo de once colaboradores habituales –muchos de los cuales trabajan con Villar Rojas desde 2009– viajaron desde Argentina a Seúl para montar la exposición in situ durante seis semanas. Actuando como una mezcla entre una mente colmena, una compañía de teatro y una agencia de terraformación, el equipo transformó el Art Sonje Center en un ecosistema vivo y artesanal. “Adrián Villar Rojas: El lenguaje del enemigo” también conmemora la exposición inaugural celebrada hace treinta años en la sede del Centro, un momento crucial en el establecimiento de su legado.


