Obituario14 de noviembre de 2018

Adolfo Nigro

Falleció recientemente el artista argentino Adolfo Nigro, vinculado a la llamada "Escuela del Sur", creada en Montevideo por Joaquín Torres García a su regreso de París, en 1934. Nigro nació en Rosario en 1942 y en 1966 se radicó en Montevideo, donde se produjo su decisivo encuentro con el pintor uruguayo José Gurvich, alumno de Torres García. A través de ese fecundo intercambio empezó a hacer del dibujo uno de sus principales medios expresivos. A partir de 1967 incorporó en sus óleos y dibujos el collage, que le sirven plásticamente para romper el ritmo del dibujo y para subrayar la autonomía de la obra. La práctica de la cerámica (1966-1972) le refuerza su interés por lo precolombino, y por eso realiza diseños abstracto-geométricos de raíz americanista, una influencia que marcó su obra para siempre. El mundo de Nigro es el mundo del objeto, con el cual se relaciona por su experiencia, por su necesidad de ver y tocar lo que lo rodea. Hasta mediados de los 80 su línea los torna ingrávidos, los ciñe con gracia, los define parcialmente, y suele utilizar un perfil unificador que actúa como elemento de orden. En 1974 regresó a Buenos Aires, donde desarrolló el resto de su producción. Comenzó con las series Horizontes, Cielos habitados, Migraciones, Los calendarios, Navegaciones, y en dibujo, Dominios naturales. Todas explicitan su relación con los objetos, con los acontecimientos de su vida, y también con los autores de su preferencia: Cesare Pavese –con quien se sentía muy vinculado por vivencias infantiles y adolescentes en contacto con la tierra, o por el tema de la luna– e Italo Calvino, de quien ilustró El barón rampante, de quien tomó la idea del fluir de los seres y las cosas entre la tierra y el cielo. De ahí que a veces el tema de la ciudad ubica la mirada del artista de los techos para arriba, y remolinos de objetos heterogéneos ascienden en torno a un eje central hacia los límites del espacio superior. Las ciudades que aparecen son siempre sus ciudades: Rosario, Buenos Aires, Montevideo, y los objetos son siempre los que para él son únicos e irremplazables: la luna, la parva, la rueda, los barcos. La utilización de bandas horizontales tiene una connotación temporal y alude a distintos momentos de los recuerdos o de sus estados de ánimo. La serie que lo muestra con mayor evidencia es Migraciones (1981), óleos y pinturas acrílicas en los cuales los objetos parecen acelerados por la urgencia de la huida, por la pérdida de los amigos, el éxodo. Esa preocupación había aparecido en Las cartas (1976), que alude a su ansiedad por los mensajes de los amigos que se fueron. Son las series más relacionadas con su preocupación social y política. Desde mediados de los 80 los objetos de sus obras adquieren otra gravedad, acentúan su valor metafórico, se vuelven más contradictorios y amenazantes, invaden totalmente el plano base, deslizan la idea de lo ilimitado y lo polifónico, dándole al artista alta densidad lírica. Cuando trabajamos para su libro, en 1988, el tiempo se nos deslizó entre las manos en maravillosos coloquios, donde se entremezclaban el lenguaje del arte y la poesía. Luego, como dijo su amado poeta Cesare Pavese, "Para todos tiene la muerte una mirada".
Adolfo Nigro
Adolfo Nigro | artnexus