Hoy que los imaginarios mediáticos hablan de momias que regresan y viejos mesías que resucitan, se nos ha ido en cambio Virginia Pérez-Ratton, llena de vida en su plena y juvenil madurez. Resulta difícil hablar del pasado con respecto a esta mujer necesaria, que siempre miraba y actuaba hacia delante, empujando proyectos de transformación: una mujer de futuro. Esta curadora, artista y activista cultural fue el principal agente de la transformación en el medio artístico que tuvo lugar en la América Central en los últimos quince años. El significado de este movimiento trasciende la región para devenir un paradigma de dinámicas artísticas y culturales plausibles en la época de la globalización. Pérez-Ratton no solo contribuyó de modo crucial a impulsar y organizar este proceso: lo estimuló en una dirección fructífera. Su estrategia desde que inauguró como directora el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en San José, Costa Rica, siguió tres direcciones entrelazadas: local, regional y global. Bajo su dirección el Museo devino una institución múltiple, agresiva, y un modelo para la práctica museística en ámbitos ¿periféricos¿. Pero su energía avanzó mucho más allá del marco institucional. Su dedicación al arte fue un trabajo a tiempo completo, que involucró su existencia toda. El término que mejor define su obra es devoción: una vida dedicada a apoyar el arte. Al extremo de que su vocación artística personal cedió terreno hacia el arte de ayudar a otros. Tras su paso por el Museo, en 1999 fundó Ars TEOR/éTica, un pequeño espacio sin fines de lucro en San José. Esta institución devino rápidamente una palanca fundamental para promover e investigar el arte de la América Central, tanto regional como globalmente. Virginia creó el único centro de información sobre arte contemporáneo de la América Central, publicó catálogos y revistas, organizó exposiciones y conferencias internacionales, programas de educación y muchas otras actividades, satisfaciendo necesidades locales con un enfoque internacional. Las muestras que realizó bajo el título de Mesótica resultan ejemplares en este sentido. Su cruzada por el arte contemporáneo enfrentó adecuadamente al modernismo epigonal, nacionalista, conservador y comercial prevaleciente en el área. Además de esta labor institucional, una gran parte de las contribuciones hechas por Pérez-Ratton fueron fruto de su labor como curadora y activista cultural independiente. La siguiente anécdota resalta el famoso y fructífero ¿exceso¿ de Virginia. Cuando Harald Szeeman estaba organizando la Bienal de Venecia de 2001, ella viajó hasta la casa del famoso curador en Suiza y tocó a su puerta para preguntarle si planeaba visitar la América Central para considerar el arte de allí. Por supuesto, a Szeeman esto ni le había pasado por la cabeza. Pero Virginia lo convenció, él viajó a San José, visitó estudios y vio material visual de los artistas de la región. Como resultado, varios de ellos fueron invitados a la muestra principal de la Bienal por primera vez, y dos ganaron premios. ¿Quién tocará ahora a las puertas? Ojalá el fantasma simpático, intenso e inspirador de Virginia salga a agitarnos, y asuste nuestro acomodamiento a la inacción y la queja.