Al comienzo del año 2009, casi al final del segundo mandato del presidente Lula, fue anunciado por el gobierno federal un programa de viviendas populares bautizado como "Mi casa, mi vida". La propuesta era construir cerca de un millón de casas en diversas regiones del Brasil y posibilitar que familias con poco rendimiento financiero fueran capaces de pagar cuotas de bajísimo valor. De ese total de casas, cerca de 400.000 estaban destinadas a personas que reciben entre cero y tres salarios mínimos. Seis años después de ese anuncio, muchas cosas cambiaron en el escenario político del Brasil. Lula salió del escenario después de ocho años y en su lugar, ya en el segundo mandato, se encuentra la presidenta Dilma Rousseff. Después de su acceso al poder crecieron los escándalos sobre esquemas de corrupción de los más diversos tipos y núcleos del gobierno brasilero, llevando su mandato a ser entendido como una mancha roja de corrupción. Hago mías las palabras del historiador Sidney Chalhoub en un texto divulgado durante las últimas elecciones, al final de 2014: "La insistencia en el tema de la corrupción, como si el actual gobierno hubiera inventado semejante mostrenco, es una combinación ácida de ignorancia e hipocresía. Vayamos primero a la ignorancia histórica, en la que la gran prensa se relame con gran desenvoltura. La corrupción está, por así decirlo, en el código genético del Estado brasilero". Nelson Leirner posee un recorrido de más de cincuenta años de producción, desde su primera exposición individual en 1961. Su producción es extensa y multifacética, basada en obras de pintura y dibujo tanto como en trabajos que tenían una dimensión de inserción en vías públicas y, más recientemente, en instalaciones y esculturas que evidenciaban su hambre de coleccionador de objetos. Su actuación traspasa distintos momentos de la Historia del Brasil – de la censura de la dictadura militar al crecimiento del mercado de arte en la última década. Al saber que él sería el artista responsable del Proyecto Respiración, organizado por la Fundación Eva Klabin, en Rio de Janeiro, pensé que él reflexionaría sobre el carácter coleccionador de la institución. Siendo el espacio la antigua residencia de la señora que da nombre a la fundación, una coleccionista de obras de arte que van desde objetos greco-romanos antiguos hasta algunos cuadros del impresionismo, no me asustaría que Nelson Leirner poblase alguna de las salas de la casa-museo con sus objetos recolectados en mercados populares. En lugar de las miniaturas, el artista prefirió reflexionar sobre un tópico directamente proporcional a una exposición que tiene lugar dentro de una casa y también a su interés por los objetos industriales – la vivienda popular. Así se entiende mejor el título de su proyecto – "Nuestra casa, mi vida". Apropiándose del programa del gobierno brasilero aquí comentado, el artista suprime de su nombre la primera persona singular y la transforma en plural, dejándonos un interrogante: "nuestra" de quién? Del artista y del público? Del pueblo brasilero? Queda la tensión establecida entre un programa que enfoca la vivienda popular y una casa situada en una de las regiones más nobles de Rio de Janeiro, cuya colección fue posible gracias al poder financiero de su propietaria. La Sala Inglesa ideada por Eva Klabin, en donde se concentraban obras de Joshu...