ArticleMarch 15, 2010

La casa (im) posible del turista cultural.

La casa (im) posible del turista cultural. Por: Carlos Jiménez. (+ ) Autocaravana, casa rodante, recreation vehicle, caravan: estas palabras de nuestra lengua y de la inglesa no solo nombran al mismo objeto sino que también evocan un estado radical de desarraigo sin el que no sería siquiera imaginable y menos aún deseable la decisión de ponerle motor a tu casa y echarse a rodar en ella. Algo decisivo se ha roto en la relación esencial entre la casa y el lugar donde arraigó durante todos los milenios de duración del sedentarismo como para que ese ponerse en marcha con la casa a cuestas se haya hecho posible. E inclusive deseable. Algo de la solidez y de la consistencia de la casa se ha desvanecido en el aire, para decirlo parafraseando la expresión que Karl Marx utilizó para designar el efecto estructural del capitalismo que hace que ´ todo lo sólido se desvanezca en el aire ´. La casa se hace mueble, portátil, liviana en la misma coyuntura histórica que le sustrae su asiento en los mitos, las leyendas y los cuentos infantiles y la priva su condición de ámbito por excelencia del morar asignado por la misma tradición que Martín Heidegger defiende ejemplarmente en Construir, habitar, pensar. Esta conferencia la dictó en el Coloquio de Darmstadt de 1951(1), al comienzo de la misma década del siglo pasado en la que Gastón Bachelard escribió las páginas memorables que dedicó a la exaltación de la intimidad de la casa en su La poética del espacio (2). Ambos textos resultan, sin embargo, singularmente paradójicos porque, cada uno a su manera, entona el canto de cisne de un modo arraigado de existencia de la casa abocado a la extinción. La paradoja se mostró aún con más fuerza en el caso de Heidegger, quién habló en esa oportunidad ante una reunión de arquitectos que estaban empeñados en la ingente tarea de reconstruir o de construir enteramente de nuevo las casas destruidas o seriamente dañadas por los bombardeos aéreos angloamericanos de 1.100 ciudades y pueblos alemanes en el curso de la Segunda Guerra Mundial (3). Y el filósofo tenía en mente la cabaña vernácula de madera y piedra levantada en un claro del bosque de la Selva Negra ¿ como aquella en la que se recluyó con su esposa después de la guerra mundial (4) - ,cuando defendió en esa conferencia la articulación inexorable entre el ser, el pensar y el morar. La mayoría de los arquitectos que le escucharon hicieron, sin embargo, caso omiso de sus palabras (5): la nueva Alemania que resultó de la aplicación de sus proyectos tiene como modelo la arquitectura de la bauhaus suprimida por el régimen nazi, y cuyos fundamentos racionales y funcionalistas y cuyo lenguaje estrictamente geométrico implicaban la ruptura definitiva con el pasado y el abierto rechazo de la tradición que para esos mismos nazis encarnaba la cabaña del bosque, tan 2.- germánica. A la luz de las teorías de esta arquitectura la destrucción de las ciudades alemanas por los bombardeos aéreos podía considerarse incluso un accidente feliz, porque había hecho tabula rasa del pasado encarnado en la arquitectura de esas ciudades, que era el requisito insoslayable de la aplicación a gran escala de sus modelos. Ese era el requisito del Plan Vosnin ideado por Le Corbusier y que exigía la completa demolición de una buena parte del París histórico (6). Y ese fue igualmente el requisito que encontraron cumplido los arquitectos alemanes que, retiradas completamente las ruinas y los escombros dejados por los bombardeos, se pusieron a construir en los solares ahora vacíos, la arquitectura de aluminio, hormigón y cristal de la nueva Alemania. El paradigma de casa de esa nueva arquitectura se terminó de construir precisamente en ese mismo año de 1951 - aunque afuera de Alemania, en América - por el arquitecto alemán Mies van der Rohe, quien elaboró su pensamiento tanto como sus proyectos durante sus años de formación en su patria, donde se desempeñó además como director de la ú...
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