La artista venezolana Anabell Guerrero está instalada en París donde vive y trabaja desde 1986. Su actividad, esencialmente fotográfica, está orientada desde hace muchos años hacia temáticas que tienen que ver con el hombre, las fronteras y la migración, el exilio, las identidades y la vida entre dos mundos. Desde su trabajo sobre las mujeres de la Guajira (Tótems, 2001) hasta el enfoque realista encuadres serrados sobre detalles corporales de los refugiados de todos los orígenes amontonados en el centro de la Cruz Roja de Sangatte (France) – actualmente cerrado – la fotógrafa no ha cesado en su labor de mostrar, con mucha humanidad, situaciones a la vez singulares y universales que el tiempo borra inexorablemente de nuestras memorias. Su sensibilidad a flor de piel combinada con una profunda consciencia cultural y social la llevaron a trabajar con las poblaciones de inmigrantes en Francia, en el marco de varias solicitudes públicas, especialmente en 2006, Voix du Monde (Voz del Mundo), Evry (al Sur de París) y, en 2002, Aux Frontières (En las Fronteras), sobre Sangatte, por solicitud del Parlamento internacional de Escritores de París. El trabajo Mémoire Obscure (Memoria Oscura) (2010) muestra los vínculos que ella ha establecido, desde hace algunos años, con varios países del Caribe (Cuba, Martinica, Puerto Rico y Venezuela), naciones mestizas que comparten un pasado común: la esclavitud.
Su última escultura-instalación realizada en las Antillas responde (con otros seis artistas del Caribe) a una convocatoria internacional de proyectos, bajo la batuta del escritor martiniqués Patrick Chamoiseau, en el marco de una renovación de la región. Lanzado en 2010 por el Parque Regional de la Martinica, el proyecto del « Gran Saint-Pierre » (región norte de la Isla) tiene por objeto la puesta en obra de grandes planes de reordenamiento urbanístico(a) asociados con proyectos de valorización cultural. Las primeras acciones se lanzaron en 2011, en especial el estudio para la inscripción de Saint-Pierre dentro del Patrimonio mundial de la UNESCO, y la rehabilitación de su antiguo Jardín Botánico. El proyecto de arte público, lanzado en 2012, con los siete artistas seleccionados, hace parte de todo esto.
La instalación de Anabell Guerrero intitulada « Œil Miroir » (« Ojo Espejo ») convoca la memoria colectiva de las Antillas caribeñas y la de las poblaciones locales (ciudad de Saint-Pierre). Entre la carretera nacional y el mar, frente al volcán Monte Pelée, su situación excepcional permite una visión conjunta del mar y la ciudad. Compuesta de tres trípticos y nueve tótems en madera mahogany de seis metros de alto, separados unos de otros para permitir la deambulación del visitante, la instalación se articula en torno a dos fechas ineludibles, 1848, la abolición de la esclavitud, y 1902, la terrible erupción del volcán y la destrucción de Saint-Pierre, a las cuales la artista añade el momento actual. Cada tótem es diferente. Lleva una o varias pequeñas superficies redondas, especie de « ojos » (espejo, vidrio transparente, fotografías del cielo, fragmentos grabados con poesía de los grandes poetas del mestizaje y de la negritud, Edouard Glissant y Aimé Césaire, etc.) que nos observan y nos interrogan. Así pues, el ojo es un reflejo, un espejo, un prisma o un doble de aquel que observa. Cristaliza la conciencia memorial de la historia y permite imaginar un p...
