En noviembre de 2009 estuve en Guatemala con sesiones de diálogos críticos con artistas de Centro América. Uno de estos artistas fue Ángel Poyón, quien me deparó una experiencia nueva. Poyón es un artista amerindio, profundamente ligado a su comunidad en el pueblo guatemalteco de San Juan Comalapa. A su vez, Comalapa se destaca por haber desarrollado un arte seudo autóctono al estilo de la pintura turística haitiana, es decir, un arte que satisface la imagen de lo autóctono que trae consigo el turista. Es una veta comercial que emplea a los artistas locales, pero que no contribuye nada a la cultura comunitaria a la que estos artistas pertenecen. Poyón me interesó particularmente porque es uno de los pocos artistas que se atreve a quebrar con este esquema. Con total conciencia del problema, Poyón trata de poner al día el lenguaje plástico de su pueblo para representarlo mejor. Se abre al repertorio hegemónico, pero sin depender de él. Recoge elementos formales pero los pone al servicio de los problemas que su pueblo enfrenta en un proceso de dilución de su identidad que acompaña los esfuerzos de asimilación. En todo el continente, con la idea novecentesca de ¿integración nacional¿ y las voluntades de ampliación y unificación del mercado, las identidades locales se han ido corroyendo. Especialmente con sus ¿lápidas¿, Poyón logra dirigirse a dos públicos que normalmente están en conflicto y ayuda a la concientización de ambos. Es una tarea que no muchos artistas emprenden, y en la conversación que tuve con él su posición era muy clara y todo este tema se hizo muy patente. Me pareció una posición y empresa impoetante para compatir y eso me llevó a pedirle que escribiera el texto que aquí sigue especialmente para Art Nexus. Luis Camnitzer No estoy aquí, pero estoy Angel Poyón Empecé a pintar junto a mí hermano. En el 92 en una feria de mi pueblo justo el día de la feria de San Juan Bautista en honor al patrono de Comalapa, por eso mi pueblo se llama San Juan Comalapa, fue ese día por que el vecino que pintaba tenía tiempo no mas ese día que era feriado pintamos medio día, mi hermano. Pintó un cuadro de la escena de una procesión yo un la feria de Comalapa. Éste se encuentra a 82 kms. de la ciudad de Guatemala un pueblo con muchos pintores, seguidores de la pintura popular de Andrés Curruchich, primer pintor que pintó escenas populares de Comalapa, de allí que Comalapa fue nombrado La Florencia de América por médicos italianos que en el terremoto del 76 llegaron dar ayuda humanitaria. Esto es utilizado frecuentemente en discursos de políticos de la comunidad. Tanto auge tenía que mas adelante dentro de la bienal de Arte Paiz se le creó su propia categoría popular donde participaban los pintores indígenas populares de las comunidades de Guatemala. Iniciamos pintando en nuestros ratos libres, mientras estudiábamos nuestra secundaria. En el 94 integramos el grupo Quetzal un grupo de pintores que su objetivo era tratar de promocionar el trabajo de sus integrantes así como el de los demás pintores de Comalapa quienes en esa época intercambiaron experiencias con un grupo de artistas de Noruega y se recibieron talleres de arte gráfico. En el 97 se expuso en la Alianza Francesa de la Ciudad de Guatemala, donde me encontré que tres de mis compañeros habían pintado la misma escena de una de las calles de La Antigua Guatemala, y me pregunte realmente si los cuatros pintores pensábamos y veíamos el mundo de esta manera. Después de repensar de que es lo que realmente quiero decir con el Arte junto a Hugo Pichiyá decidimos darle un cambio a la temática a nuestro quehacer artístico. Hugo pinta de una forma y yo de otra forma, nos cuestionábamos constantemente. En esa época empecé a reflexionar sobre las secuelas del conflicto armado en mi comunidad. Recuerdo que varios de los pintores ya de edad me decían que era muy delicado tocar este tema que tuviera cuidado con lo que estaba tratando que era un tema súper delicado a...